Europa en el siglo XX

Te contamos cómo fue la historia de Europa en el siglo XX. Además, la economía y el nacimiento de la Unión Europea.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Europa inició un proceso de recuperación económica.

¿Cómo fue la historia de Europa en el siglo XX?

En la primera mitad del siglo XX, Europa fue escenario de dos guerras mundiales que provocaron grandes pérdidas humanas y materiales. En ellas se combinaron rivalidades territoriales, intereses coloniales y el impulso de los nacionalismos totalitarios que gobernaron en países como Alemania (el nazismo) e Italia (el fascismo). A su vez, España tuvo su propia guerra civil (1936-1939) que culminó con el triunfo del bando “nacional” y la instauración del régimen franquista.

Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Europa quedó dividida en un bloque occidental conformado mayormente por países capitalistas con democracias multipartidistas y un bloque oriental integrado por Estados comunistas dependientes de la Unión Soviética.

La zona occidental inició una fase de consolidación de la democracia y de crecimiento económico (con excepciones como España, Portugal y, durante un corto período, Grecia). Hasta el momento de la crisis del petróleo en 1973, los años transcurridos tras la Segunda Guerra Mundial fueron llamados los “Treinta gloriosos” o la “Edad de oro”, caracterizados por el éxito económico y el Estado del bienestar.

Durante la segunda mitad del siglo XX, también fue avanzando el proceso de integración europea que llevó a la formación de la Comunidad Económica Europea en 1957 y a la Unión Europea en 1993. Tras las revoluciones de 1989 que terminaron con los regímenes comunistas en Europa central y oriental, muchos países de esta región comenzaron a solicitar su adhesión a la Unión Europea.

Puntos clave

  • Durante la primera mitad del siglo XX, Europa fue escenario de dos guerras mundiales: la Primera Guerra Mundial (1914-1918), motivada por intereses colonialistas y nacionalistas, y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), resultado del ascenso del nazismo y el fascismo.
  • Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó dividida por el llamado “telón de acero” entre un occidente capitalista, alineado con Estados Unidos, y un oriente comunista, alineado con la Unión Soviética.
  • En Europa occidental se inició (con algunas excepciones) un proceso de crecimiento económico, consolidación de la democracia y establecimiento de un modelo de Estado de bienestar que vivió su apogeo entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la crisis del petróleo en 1973.

La democracia en Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial

La recuperación económica tras la Segunda Guerra Mundial facilitó la restauración de la confianza en las instituciones democráticas en Europa occidental. Aunque al terminar el conflicto algunos partidos comunistas, como el italiano o el francés, tenían un amplio apoyo, la escena política europea fue en adelante dominada por dos grandes corrientes:

  • la derecha moderada, representada principalmente por la Democracia Cristiana
  • la izquierda moderada, organizada en los partidos socialistas, socialdemócratas o laboristas.

Estas dos corrientes se alternaron en el gobierno y conformaron una versión europea del Estado del bienestar que era más avanzada que la de Estados Unidos (sistema de salud universal, educación obligatoria y gratuita, sistema generoso de pensiones).

La historia de Europa occidental en la segunda mitad del siglo XX queda ejemplificada por los tres principales países del continente: Alemania, el Reino Unido y Francia.

La República Federal de Alemania en la segunda mitad del siglo XX

Alemania quedó dividida en dos Estados hasta la reunificación en 1990.

Alemania quedó destrozada económicamente en 1945. Su partición entre los Aliados llevó al nacimiento en 1949 de la República Federal de Alemania en las tres zonas de ocupación de los ejércitos occidentales. 

El nuevo Estado alemán basó su política en la cooperación con Estados Unidos y la búsqueda de la reconciliación con Francia. La Guerra Fría le ayudó a recuperar su autonomía política y, tras la guerra de Corea (1950-1953), la República Federal de Alemania se remilitarizó y se unió a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en 1955.

A partir de ese momento, Alemania occidental vivió un importante despegue económico. Bajo el gobierno de la Democracia Cristiana y el liderazgo de Konrad Adenauer, la República Federal de Alemania se convirtió a mediados de los sesenta en la gran potencia económica europea.

A fines de los sesenta, el partido socialdemócrata accedió al poder con Willy Brandt (canciller entre 1969 y 1974) y Helmut Schmidt (canciller entre 1974 y 1982). Con la socialdemocracia, la República Federal de Alemania terminó de construir uno de los Estados del bienestar más importantes de Europa.

En 1982, la Democracia Cristiana volvió al poder con Helmut Kohl en el cargo de canciller. La caída del Muro de Berlín en 1989 le permitió a Kohl dirigir el rápido proceso de reunificación que culminó el 3 de octubre de 1990. Tras absorber a Alemania oriental, la República Federal de Alemania unificada, con 79 millones de habitantes, se convirtió en el país más poderoso de Europa.

El Reino Unido en la segunda mitad del siglo XX

Las primeras elecciones tras la Segunda Guerra Mundial en el Reino Unido dieron un vuelco al panorama político británico. Los conservadores, liderados por Winston Churchill, fueron derrotados por el Partido Laborista, dirigido por Clement Attlee. 

Los laboristas, inspirados en la socialdemocracia sueca, se dedicaron a construir el Estado del bienestar en el Reino Unido. Nacionalizaron el Banco de Inglaterra, las industrias del carbón y del acero, el transporte público, la electricidad y el gas. En 1946, el gobierno laborista impulsó la creación del Sistema Nacional de Salud (National Health Service), que instituyó un sistema de salud público.

Los enormes gastos sociales del gobierno laborista disminuyeron la capacidad de actuación exterior del Reino Unido y precipitaron la liquidación del imperio colonial británico. La pérdida de peso internacional se vinculó con un largo proceso de decadencia económica.

A los problemas económicos se les sumó un problema político. En Irlanda del Norte, dos comunidades, la mayoritaria protestante-unionista (que defendía la unidad con Gran Bretaña) y la minoritaria católica-nacionalista irlandesa, habían vivido durante décadas en una situación de desigualdad. La protesta del nacionalismo irlandés en los años sesenta dio paso a la lucha armada del IRA (Ejército Republicano Irlandés).

En 1979, los conservadores, liderados por Margaret Thatcher, retornaron al poder. La “Dama de Hierro” desplegó una política de reducción de impuestos y de la burocracia estatal, de restricción del poder sindical y de limitación del gasto social. Sus políticas, muy próximas a las que Ronald Reagan aplicó a partir de 1981 en Estados Unidos, tuvieron éxito económico pero también un grave coste social.

La victoria británica en la guerra de Malvinas (1982) provocó una ola de nacionalismo que favoreció la reelección de Thatcher. Sin embargo, la dureza de su política fiscal hizo que su popularidad cayera a fines de los ochenta, y se vio obligada a renunciar. Su reemplazante, John Major, revalidó la mayoría conservadora en 1992.

Francia en la segunda mitad del siglo XX

Charles de Gaulle fue presidente de Francia entre 1959 y 1969.

La figura de Charles De Gaulle marcó la historia de Francia durante casi un cuarto de siglo. Fue el estadista más importante durante el período de la IV República (1946-1958), en el que Francia protagonizó una importante recuperación tras la guerra. Fue quien sacó al país de la crisis causada por la guerra de Argelia y quien promovió la redacción de una nueva Constitución en 1958 que dio inicio a la V República, aún vigente, de la que fue presidente entre 1959 y 1969.

De Gaulle planteó una política interior conservadora y una posición exterior orientada a recuperar la importancia internacional de Francia y a llevar adelante una política independiente de Estados Unidos. De Gaulle tuvo que hacer frente a las protestas estudiantiles y obreras de mayo de 1968 (conocidas como “Mayo francés”) y, pese a ganar las elecciones, renunció en 1969 y abandonó la política activa.

Tras más de una década de dominio de los gaullistas (seguidores de los principios políticos de De Gaulle), el descontento económico llevó a la victoria de la izquierda en las elecciones de 1981. El nuevo presidente de la República, el socialista François Mitterand, aplicó una política de nacionalizaciones que se vio muy pronto obligado a rectificar y que aceleró las dificultades económicas del país.

En este período, el Frente Nacional, partido de extrema derecha contrario a la inmigración (mayoritariamente de población musulmana), alcanzó muy buenos resultados electorales. El mapa electoral fue desplazándose hacia la derecha en la década del noventa y, en 1995, la derecha moderada consiguió llevar a Jacques Chirac, antiguo alcalde gaullista de París, a la presidencia de la República.

La economía de Europa occidental en la segunda mitad del siglo XX

La recuperación económica tras la Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial tuvo devastadoras consecuencias económicas para Europa. En 1945, en algunos países (Austria, Francia, Alemania, Italia u Holanda) el PIB había caído por debajo del nivel anterior a la Primera Guerra Mundial.

No obstante, la economía europea experimentó un gran crecimiento durante las décadas de 1950, 1960 y comienzos de 1970. El PIB per cápita medio de Europa occidental tuvo una tasa de crecimiento anual superior a 4 % (cinco veces mayor que la tasa de crecimiento del período 1913-1950). En 1950, el PIB per cápita europeo occidental no llegaba al 50 % del estadounidense. En 1973, había alcanzado casi el 70 %.

A su vez, las diferencias entre la Europa noroccidental y la Península Ibérica disminuyeron sustancialmente: en 1950, el PIB per cápita de la península no llegaba a la mitad del PIB per cápita de Europa noroccidental, mientras que en 1973 se había elevado hasta los dos tercios.

Causas de la recuperación económica

La recuperación económica fue posible por la ayuda estadounidense y la capacidad productiva europea.

Pese a la destrucción material y humana sufrida durante la Segunda Guerra Mundial, Europa contaba todavía con personal empresarial, profesional y laboral y con un potencial de crecimiento superior al de la mayor parte del mundo. Además, resultó decisiva la ayuda económica estadounidense a través del Plan Marshall.

El Plan Marshall duró entre 1948 y 1951 y su monto ascendió a una cifra equivalente a 100.000 millones de dólares de 2003. El mayor receptor de fondos fue el Reino Unido, con casi un 25 % del total, seguido de Francia, con algo más del 20 %.

Los años de crecimiento económico entre 1945 y 1973 fueron llamados “Edad de oro” o “Treinta gloriosos”. Las ventajas económicas que obtenían los países europeos dependían de la apertura al comercio internacional (mediante la liberalización de los intercambios de bienes y servicios), de la aceptación de la inversión extranjera (la instalación de empresas multinacionales) y de la incorporación de nueva tecnología procedente del exterior. La economía europea incorporó nuevas formas de organizar la producción y favoreció el consumo de masas.

El proceso de integración económica y la crisis del petróleo

El proceso de integración económica europeo iniciado con la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), creada en 1951, favoreció el crecimiento de los países participantes y la reducción de diferencias entre ellos. En este período también tuvo lugar una ampliación de las capas sociales beneficiadas por el crecimiento económico debido a mejoras en la alimentación, la vestimenta y la vivienda. Un gran impacto en la vida cotidiana tuvo la generalización de los electrodomésticos y se destacaron los avances en educación y salud (a los que contribuyó el sector público).

Europa resultó especialmente afectada por el encarecimiento del petróleo en 1973. Se inició así una intensa crisis: el crecimiento económico se estancó (en algunos años llegó incluso a ser negativo), y se sucedieron altas tasas de inflación y de desempleo.

Las nuevas subidas del precio del petróleo a partir de 1979 provocaron otra intensa recesión de la economía mundial. Esta vez las políticas económicas en Europa occidental fueron más coordinadas. A mediados de la década de 1980, la economía europea recuperó la senda del crecimiento. En este contexto tuvieron lugar algunos avances en el proceso de integración económica europea.

El proceso de unidad europeo

El nacimiento de la Comunidad Económica Europea (CEE)

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) demostró el nivel de destrucción que podía provocar la rivalidad nacionalista en Europa y motivó los intentos por alcanzar algún tipo de integración europea. Estados Unidos buscaba hacer frente a la amenaza soviética y para ello contribuyó con el proceso de unificación europeo.

El primer paso lo dio el ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman, en 1950, cuando propuso un plan para integrar la producción franco-alemana de carbón y acero.

La Declaración Schuman llevó a la firma del Tratado de París en 1951 que creó  la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), en la que se integraron seis países: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo.

El 25 de marzo de 1957 se firmaron los Tratados de Roma por los que se creó la Comunidad Económica Europea (CEE), que buscó la construcción de una unión aduanera y el establecimiento de una política agrícola común.

De la CEE a la Unión Europea (UE)

El principal problema político con el que comenzó la CEE fue que el Reino Unido se mantuvo al margen. Sin embargo, el Reino Unido solicitó su ingreso en la Comunidad cuando se hizo notorio el crecimiento económico de los países miembros.

En 1973, tres nuevos países ingresaron en la CEE: el Reino Unido, Dinamarca e Irlanda. La caída de las dictaduras militares en Grecia (1974), Portugal (1974) y España (1975) permitió la adhesión de estos países meridionales.

En 1986 se aprobó el Acta Única Europea, que planteó el objetivo de alcanzar la plena constitución de un área sin fronteras y el fomento de fondos comunitarios para los países pobres.

Cuando se produjo el derrumbamiento de los regímenes comunistas en los países de Europa central y oriental (las “democracias populares”) en 1989, la reunificación alemana en 1990 y el fin de la Unión Soviética en 1991, en Europa occidental se aprobó el Tratado de Maastricht, que entró en vigor en 1993 y dio origen a la Unión Europea. Esto dejó el camino abierto para la posterior adhesión, a comienzos del siglo XXI, de los países de Europa central y oriental que habían formado parte del bloque comunista.

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Referencias

  • Barzun, J. et al. (2023). history of Europe. Encyclopedia Britannica. https://www.britannica.com/
  • Carpentier, J. & Lebrun, F. (dirs.) (2006). Breve historia de Europa. Alianza.
  • Fernández Navarrete, D. (2022). Historia de la Unión Europea: de los orígenes al post-Brexit. Universidad Autónoma de Madrid Ediciones.
  • Unión Europea (s.f.). Principios, países, historia. Portal oficial de la Unión Europea. https://european-union.europa.eu/ 

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"Europa en el siglo XX". Autor: Augusto Gayubas. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/europa-en-el-siglo-xx/. Última edición: 2 octubre, 2023. Consultado: 25 mayo, 2024.

Sobre el autor

Autor: Augusto Gayubas

Doctor en Historia (Universidad de Buenos Aires)

Fecha de actualización: 2 octubre, 2023
Fecha de publicación: 28 septiembre, 2023

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