Winston Churchill

Te explicamos quién fue Winston Churchill y cuál fue su papel en la Segunda Guerra Mundial. Además, sus inicios en la política y su importancia en la vida pública británica.

Winston Churchill fue una figura clave en la guerra contra la Alemania de Hitler.

¿Quién fue Winston Churchill?

Winston Churchill fue un político, militar, estadista y escritor británico que se desempeñó como primer ministro del Reino Unido en dos etapas: entre 1940 y 1945 (durante la Segunda Guerra Mundial) y entre 1951 y 1955.

Churchill fue una de las figuras públicas más importantes del siglo XX. Su larga trayectoria política abarcó desde su primera elección como diputado en 1900 hasta su último periodo como primer ministro, que concluyó en 1955. Perteneció al Partido Conservador británico, del que fue líder entre 1940 y 1955, aunque durante un tiempo formó parte del Partido Liberal (entre 1904 y 1924).

Su trascendencia histórica se debió principalmente a su papel en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando dirigió al Reino Unido en su lucha contra la Alemania de Adolf Hitler. También se destacó como escritor de discursos, artículos y libros, incluida una novela titulada Savrola y un libro en seis volúmenes sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial. En 1953 recibió el Premio Nobel de Literatura.

En sus últimos años de vida, entre 1959 y 1964, ostentó el título de “padre de la Cámara” en la Cámara de los Comunes del Parlamento británico, pero se mantuvo retirado de la actividad política. Murió el 12 de enero de 1965, a la edad de 90 años.

Vida personal de Winston Churchill

Winston Leonard Spencer Churchill nació en el palacio de Blenheim, en Oxfordshire (Inglaterra), el 30 de noviembre de 1874. Su padre, lord Randolph Churchill, era un político conservador británico que descendía del primer duque de Marlborough. Su madre, Jennie Jerome, era una personalidad destacada que había nacido en Nueva York y era hija de un financista estadounidense.

A partir de los siete años de edad, Winston Churchill asistió a escuelas de pupilos. En 1888 ingresó en la Escuela Harrow y su padre decidió que siguiera la carrera militar. Logró ingresar en el Real Colegio Militar de Sandhurst. Se graduó en 1895, el mismo año que murió su padre, y fue asignado como subteniente en el cuarto regimiento de húsares.

Cumplió servicios militares en Cuba, la India y Sudán y escribió reportes que se convirtieron en libros. Así comenzó su carrera como escritor. En 1899 renunció a la carrera militar y se dedicó a la política. En 1908 se casó con Clementine Hozier, con quien tuvo cinco hijos: Diana, Randolph, Sarah, Marigold y Mary.

Los inicios de Churchill en la política

Tras el fracaso del ataque en los Dardanelos, Churchill abandonó el Almirantazgo y sirvió en el ejército.

Winston Churchill comenzó su carrera política como candidato del Partido Conservador al Parlamento británico por el distrito de Oldham. Luego de adquirir notoriedad en 1899 por sus escritos sobre la guerra en Sudáfrica, fue elegido miembro del Parlamento en 1900 y comenzó su actividad parlamentaria en 1901.

En 1903 se mostró contrario a la reforma arancelaria propuesta por Joseph Chamberlain, secretario colonial del gobierno conservador, y defendió en cambio el libre comercio. En 1904 se distanció de su partido y se unió al Partido Liberal, desde donde criticó tanto a Chamberlain como al primer ministro británico, el conservador Arthur Balfour.

Continuó su labor parlamentaria como miembro del Partido Liberal hasta 1922 y, además, ocupó cargos en los gobiernos liberales encabezados por Herbert Henry Asquith (1908-1916) y David Lloyd George (1916-1922). Como presidente de la Junta de Comercio (1908-1910), favoreció reformas sociales como la jornada laboral de ocho horas para los mineros y la creación de juntas para fijar salarios mínimos y combatir el desempleo con bolsas de trabajo gestionadas por el Estado.

Como primer lord del Almirantazgo (1911-1915), se ocupó de conseguir un mayor presupuesto para la Marina británica con el objetivo de hacer frente al creciente poder naval alemán. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Churchill ordenó la movilización naval. En 1915, Churchill planeó el ataque aliado en los Dardanelos pero el fracaso de la operación debilitó su posición.

En mayo de 1915 fue desplazado del Almirantazgo y en noviembre decidió alistarse en el ejército. Sirvió en el frente occidental hasta mayo de 1916 y luego fue nombrado ministro de Municiones. Cuando terminó la guerra, fue nombrado sucesivamente secretario de Estado para la Guerra y secretario de Estado para las Colonias, hasta que concluyó el gobierno de coalición presidido por el Partido Liberal en 1922.

Churchill en el período de entreguerras

Churchill se opuso a la política de apaciguamiento frente al expansionismo alemán.

En 1924, Churchill volvió a ser elegido miembro del Parlamento por el Partido Conservador y se desempeñó como canciller de la Hacienda del gobierno de Stanley Baldwin hasta 1929. Durante el período de entreguerras, Churchill siguió defendiendo el liberalismo económico pero tuvo una actitud política conservadora.

Sus medidas contra la huelga general de 1926, su apoyo a Eduardo VIII (que llegó al trono en 1936 pero abdicó luego de una crisis constitucional provocada por el rechazo de la opinión pública a su casamiento con una mujer estadounidense que se había divorciado dos veces) y su simpatía por Francisco Franco en el contexto de la guerra civil española lo hicieron muy impopular entre la clase obrera británica.

Por otro lado, las advertencias de Churchill ante la amenaza hitleriana y su posición favorable al rearme del Reino Unido chocaron con una opinión pública mayoritariamente pacifista en los años treinta y con la actitud general de la dirigencia política británica.

Apartado de la política activa y aislado en su partido, fue un crítico acérrimo de la política de apaciguamiento de Neville Chamberlain (primer ministro británico entre 1937 y 1940). Su comentario ante el Pacto de Múnich firmado en 1938 entre el Reino Unido, Francia, Italia y la Alemania nazi fue que se trataba de “una derrota total y absoluta”.

Churchill alentó la búsqueda de una gran alianza con la Unión Soviética y Francia que frenara el expansionismo nazi. El Pacto de no agresión germano-soviético de agosto de 1939 puso fin a esa esperanza. 

Churchill en la Segunda Guerra Mundial

Churchill fue en gran medida el artífice de la alianza con Estados Unidos y la Unión Soviética.

Tras la anexión alemana de Checoslovaquia en marzo de 1939, la postura largamente defendida por Churchill de firmeza ante Alemania se reveló como la correcta. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, Churchill fue nombrado primer lord del Almirantazgo y, tras la invasión alemana de Francia en 1940, fue nombrado primer ministro.

Churchill formó un gobierno de unión nacional en el que desempeñó también el papel de ministro de Defensa. En su primer discurso ante la Cámara de los Comunes, el 13 de mayo de 1940, afirmó que no tenía nada que ofrecer al pueblo británico “excepto sangre, sudor y lágrimas”. Tras este célebre discurso, consiguió unir al pueblo británico en su esfuerzo de guerra contra Hitler.

Desde un principio, Churchill buscó la alianza con Estados Unidos. Su relación personal con el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, facilitó la progresiva implicación estadounidense. En agosto de 1941, en su primer encuentro con Roosevelt en la bahía de Placentia, en Terranova, ambos firmaron la Carta del Atlántico, una declaración común de principios.

Pese a su postura anticomunista, Churchill buscó también la alianza con el líder soviético Iósif Stalin, que fue posible cuando Alemania atacó a la Unión Soviética en junio de 1941. Churchill fue, en gran medida, el forjador de la “Gran Alianza” entre Estados Unidos, la Unión Soviética (URSS) y el Reino Unido que llevó a la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

En su calidad de primer ministro británico, Churchill participó en las distintas conferencias de los Aliados a lo largo de la guerra. Sin embargo, en 1945 fue derrotado en las elecciones por el laborista Clement Attlee, quien lo sustituyó en la Conferencia de Potsdam que se estaba celebrando en aquellos momentos.

Los últimos años de Churchill

Fuera del gobierno, Churchill tuvo un papel destacado como abanderado de la unidad europea y partidario de una política de firmeza ante la Unión Soviética. Entre 1951 y 1955 desempeñó por última vez el cargo de primer ministro. El 5 de abril de 1955 se vio forzado a renunciar debido a problemas de salud y fue reemplazado por el también conservador Anthony Eden.

En sus últimos años de vida, Churchill continuó escribiendo y fue “padre de la Cámara” en la Cámara de los Comunes, aunque se mantuvo retirado de la actividad política. En abril de 1953 fue nombrado caballero por la reina Isabel II y en abril de 1963 fue declarado ciudadano honorario de Estados Unidos por el Congreso estadounidense. Murió el 24 de enero de 1965 en su hogar de Londres, a la edad de 90 años. Recibió un funeral de Estado y fue enterrado en una tumba familiar en Bladon, Oxfordshire.

Discursos célebres de Winston Churchill

Winston Churchill pronunció algunos de los discursos más famosos del siglo XX. En uno de ellos, dirigido a la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940, tres días después de asumir como primer ministro británico durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill usó la célebre expresión “No tengo nada más que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” (popularmente resumida como “sangre, sudor y lágrimas”).

En un discurso de marzo de 1946, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Churchill usó el término “telón de acero” (o “cortina de hierro”), que se popularizó a lo largo de la Guerra Fría para aludir a la división de Europa en dos bloques (uno oriental o comunista y otro occidental o capitalista). El 19 de septiembre de 1946 pronunció un discurso en la Universidad de Zúrich (Suiza) en el que propuso la creación de unos Estados Unidos de Europa, mensaje que tuvo influencia en el proceso que llevó años después al nacimiento de la Unión Europea.

Discurso de Churchill a la Cámara de los Comunes
"Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor"

"Debemos recordar que estamos en las fases preliminares de una de las grandes batallas de la historia, que nosotros estamos actuando en muchos puntos de Noruega y Holanda, que estamos preparados en el Mediterráneo, que la batalla aérea es continua y que muchos preparativos tienen que hacerse aquí y en el exterior. En esta crisis, espero que pueda perdonárseme si no me extiendo mucho al dirigirme a la Cámara hoy. Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor».

Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos, largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis:

¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política.

Me preguntáis; ¿Cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra:

Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Tened esto por cierto; no habrá supervivencia para todo aquello que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia su objetivo. Pero yo asumo mi tarea con ánimo y esperanza.

 Estoy seguro de que no se tolerará que nuestra causa se malogre en medio de los hombres. En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de todas las personas y decir: «Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas."

Winston Churchill
13 de mayo de 1940.

Discurso de Churchill en Zurich, Suiza
19 de septiembre de 1946

"Deseo hablarles hoy sobre la tragedia de Europa. Este noble continente, que abarca las regiones más privilegiadas y cultivadas de la tierra, que disfruta de un clima templado y uniforme, es la cuna de todas las razas originarias del mundo. Es la cuna de la fe y la ética cristianas. Es el origen de casi todas las culturas, artes, filosofía y ciencias, tanto de los tiempos modernos como de los antiguos. Si Europa se uniera, compartiendo su herencia común, la felicidad, prosperidad y la gloria que disfruta rían sus tres o cuatrocientos millones de habitantes no tendría límites. Y sin embargo, es desde Europa de donde han surgido y se han desarrollado esta serie de horribles guerras nacionales, originadas por las naciones teutonas, que hemos conocido durante este siglo XX, e incluso durante nuestra existencia, que ha arruinado la paz y destruido las perspectivas de toda la humanidad.

¿Y cuál es la situación a la que ha sido reducida Europa? Es cierto que algunos pequeños Estados se han recuperado rápidamente, pero en grandes áreas, una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror. Entre los vencedores hay una gran confusión de voces agitadas; entre los vencidos, el sombrío silencio de la desesperación. Eso es lo que han conseguido los europeos, agrupados en tantos antiguos Estados y naciones, eso es todo lo que ha obtenido el poder germano, destrozándose unos a otros en pedazos, y propagando estragos por todas partes. A no ser porque la gran República del otro lado del océano Atlántico se ha dado cuenta finalmente de que el caos o la esclavitud de Europa, acabarían comprometiendo su propio destino, y nos ha tendido las manos para socorro y guía, los malos tiempos hubieran vuelto con toda su crueldad. Y todavía puede volver.

A pesar de todo, aún hay un remedio que si se adoptara de una manera general y espontánea, podría cambiar todo el panorama como por ensalmo, y en pocos años podría convertir a Europa, o a la mayor parte de ella, en algo tan libre y feliz como es Suiza hoy en día. ¿Cuál es ese eficaz remedio? Es volver a crear la familia europea, o al menos todo lo que se pueda de ella, y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Tenemos que construir una especie de Estados Unidos de Europa, y sólo de esta manera cientos de millones de trabajadores serán capaces de recuperar las sencillas alegrías y esperanzas que hacen que la vida merezca la pena. El proceso es sencillo. Todo lo que se necesita es el propósito de cientos de millones de hombres y mujeres, de hacer el bien en lugar de hacer el mal y obtener como recompensa bendiciones en lugar de maldiciones.

Mucho se ha trabajado en este sentido a través de las gestiones de la Unión Paneuropea, que tanto debe al conde Coudenhove-Kalergi y que recurrió a los servicios del famoso patriota y hombre de Estado francés Aristide Briand. Existe también ese inmenso cuerpo de doctrina y procedimiento, construido para servir a las grandes esperanzas después de la Primera Guerra Mundial, que es la Sociedad de Naciones. La Sociedad de Naciones no fracasó debido a sus principios o concepciones, sino que los habían creado. Falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo. Este desastre no debe repetirse. Hay, pues, muchos conocimientos y material con que construir, y también la amarga y cara experiencia de las vidas que ha costado.

Me agradó mucho leer en los periódicos hace dos días que mi amigo el presidente Truman ha expresado su interés y simpatía por este gran proyecto. No hay razón para que una organización regional europea deba enfrentarse de ninguna forma con la organización mundial de las Naciones Unidas. Todo lo contrario, creo que las mayores síntesis sólo sobrevivirán si se fundamentan sobre agrupaciones coherentes y naturales. Ya hay una agrupación natural en el Hemisferio Occidental. Los británicos tenemos nuestra propia Comunidad de Naciones, Estas organizaciones no debilitan, sino que por el contrario fortalecen a la organización mundial. De hecho, por su principal apoyo. ¿Y por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente, y por qué no podía ocupar su adecuada posición con otras agrupaciones, para perfilar los destinos de los hombres? Para que esto se realice, debe darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas.

Todos sabemos que las dos guerras mundiales que hemos pasado, surgieron por la vana pasión de una Alemania recién unida, que quería actuar como parte dominante del mundo. En esta última contienda se han cometido crímenes y masacres sin igual desde la invasión de los mongoles en el siglo XV. Los culpables deben ser castigados. Alemania debe ser privada del poder de volver a armarse y hacer otra guerra agresiva. Pero cuando se haya realizado todo esto, y se realizará, y se está haciendo, debe haber un final para la retribución. Tienen que haber lo que Mr. Gladstone llamó hace muchos años «un bendito acto de olvido». Tenemos que volver la espalda a los horrores del pasado. Debemos mirar hacia el futuro. No podemos permitirnos arrastrar a través de los años aquello que puede traer de nuevo los odios y las venganzas que se desprenden de las injurias del pasado. Si hay que salvar a Europa de la infinita miseria, y por supuesto de la condena final, tiene que darse un acto de fe en la familia europea y un acto de olvido hacia los crímenes y locuras del pasado.

¿Pueden los pueblos de Europa elevarse a la altura de estas resoluciones del alma e instintos del espíritu humano? Si pueden hacerlo, los errores y las injurias que se han infringido se lavarán en todas partes por las miserias que se han tenido que soportar. ¿Hay alguna necesidad de que haya más abundancia de agonías? ¿Acaso la única lección de la historia es que la humanidad es imposible de educar? Que haya justicia y libertad. Los pueblos sólo tienen que quererlo, y todos alcanzarán el deseo de su corazón.

Ahora voy a decir algo que les sorprenderá. El primer paso en la recreación de la familia europea de no ser una asociación entre Francia y Alemania. Sólo de este modo puede Francia recuperar la primacía moral de Europa. No puede haber un renacimiento de Europa sin una Francia grande espiritualmente y una Alemania grande espiritualmente. La estructura de los Estados Unidos de Europa, si se construyen bien y de verdad, será de tal manera que haga menos importante la fuerza material de un Estado. Las pequeñas naciones contarán tanto como las grandes y ganarán su honor por su contribución a la causa común. Los estados y principados de Alemania, unidos libremente por conveniencia mutua en un sistema federal, ocuparán cada uno su lugar entre los Estados Unidos de Europa. No trataré de hacer un programa detallado para cientos de millones de personas que quieren ser felices y libres, prósperos y seguras, que desean disfrutar de las cuatro libertades de las que habló el Presidente Roosevelt, y vivir de acuerdo con los principios incorporados en la Carta del Atlántico. Si este es su deseo, no tiene más que decirlo, con la seguridad de que se encontrarán los medios y se establecerán los instrumentos necesarios para llevar este deseo a su plena realización.

Pero tengo que hacerles una advertencia: el tiempo se nos puede echar encima. Actualmente contamos sólo con un espacio de respiro. Los cañones han dejado de disparar, la lucha ha cesado, pero no se han detenido los peligros. Si queremos construir los Estados Unidos de Europa, cualquiera que sea el nombre y la forma que tomen, debemos empezar ahora.

En nuestros días vivimos extraña y precariamente bajo el escudo y protección de la bomba atómica. La bomba atómica está aún en manos de un Estado y nación que sabemos que nunca la usará, excepto a favor del derecho y la libertad. Pero puede ser que dentro de unos años este terrible agente de destrucción se extienda ampliamente y la catástrofe que provocaría su uso por varias naciones guerreras no sólo acabaría con todo lo que llamamos civilización, sino que posiblemente desintegraba el mismo globo.

Debo ahora resumir las propuestas que tienen ante ustedes. Nuestro constante propósito debe ser fortalecer la fuerza de la Organización de Naciones Unidas. Bajo, y en el seno de este concepto del mundo, debemos volver a crear la familia europea con una estructura regional llamada, quizás, los Estados Unidos de Europa. El primer paso es crear un Consejo de Europa. Si al principio todos los Estados de Europa no están dispuestos o capacitados para integrarse en la Unión, debemos proceder, no obstante, a unir y combinar a aquellos que quieren y pueden. La salvación de la gente normal de cada raza y de cada país, del peligro de la guerra o esclavitud, tiene que establecerse sobre sólidos fundamentos deben estar protegidos por la voluntad de todos los hombres y mujeres de morir, antes de someterse a la tiranía. En todo este urgente trabajo, Francia y Alemania deben tomar juntos la cabeza. Gran Bretaña, la Commonwealth británica de naciones, la poderosa América y confío que la Rusia soviética —y entonces todo sería perfecto— deben ser los amigos y padrinos de la nueva Europa y deben defender su derecho a vivir y brillar. Por eso os digo ¡Levantemos Europa!"

Winston Churchill
19 de septiembre de 1946.

Referencias

  • Beevor, A. (2012). La Segunda Guerra Mundial. Pasado y presente.
  • International Churchill Society (s.f.). The Life of Churchill. International Churchill Society. https://winstonchurchill.org/ 
  • Discurso de Churchill “Estados Unidos de Europa”, 19 de septiembre de 1946, en: Churchill in Zürich. https://www.churchill-in-zurich.ch/ 
  • Discurso de Churchill “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, 13 de mayo de 1940, en: America’s National Churchill Museum. https://www.nationalchurchillmuseum.org/ 
  • Nicholas, H. G. (2023). Winston Churchill. Encyclopedia Britannica. https://www.britannica.com/
  • Roberts, A. (2019). Churchill. La biografía. Crítica.
  • Stone, N. (2013). Breve historia de la Segunda Guerra Mundial. Ariel.

¿Cómo citar?

"Winston Churchill". Autor: Augusto Gayubas. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/winston-churchill/. Última edición: 16 octubre, 2023. Consultado: 22 abril, 2024.

Sobre el autor

Autor: Augusto Gayubas

Doctor en Historia (Universidad de Buenos Aires)

Fecha de actualización: 16 octubre, 2023
Fecha de publicación: 28 septiembre, 2023

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