Alta Edad Media

Te explicamos qué fue la Alta Edad Media y cuáles fueron sus características. Además, cómo era la sociedad, la economía y el arte.

La Alta Edad Media fue un período de cambios sociales, políticos y culturales.

¿Qué fue la Alta Edad Media?

La Alta Edad Media (o Edad Media Temprana) fue el período de la historia de Europa y Oriente Medio comprendido entre los siglos V y X. Es la primera de las tres etapas en las que se divide la Edad Media, seguida de la Plena Edad Media (siglos XI al XIII) y Baja Edad Media (siglos XIV y XV).

Es considerada un período de transición entre la Antigüedad clásica y el orden feudal, de consolidación del cristianismo como religión mayoritaria en Europa y del surgimiento y la expansión de la religión islámica en Oriente Medio y el norte de África. Su inicio se suele situar en la caída del Imperio romano de Occidente en el año 476, cuando fue depuesto el emperador, Rómulo Augústulo, por un líder germánico.

El final de la Alta Edad Media en el siglo X se corresponde con el inicio del feudalismo en Europa, la consolidación de la dinastía macedonia en el Imperio romano de Oriente (también llamado Imperio bizantino) y la decadencia del califato abasí (fundado en 750) en Oriente Medio.

Para tener en cuenta: Esta subdivisión de la Edad Media no es universalmente aceptada, ya que algunos historiadores proponen separar la época medieval en solo dos etapas (Alta y Baja Edad Media) o bien utilizar otras fechas para ubicar el comienzo y el final de cada etapa.
De todos modos, la delimitación de la Alta Edad Media entre los siglos V y X permite identificar los cambios que sentaron las bases de la sociedad feudal.

Puntos clave

  • La Alta Edad Media fue un período de la historia de Europa y Oriente Medio que abarcó entre los siglos V y X.
  • Marcó el final de la Antigüedad clásica y fue uno de los tres períodos en los que se subdivide la Edad Media, junto con la Plena Edad Media (siglos XI al XIII) y la Baja Edad Media (siglos XIV al XV).
  • Se caracterizó por la desurbanización, el surgimiento del feudalismo, el crecimiento del poder de la Iglesia y la nobleza rural, y la expansión del islam.
  • Fue una época de fragmentación política marcada por la caída del Imperio romano de Occidente, las migraciones germánicas, la formación de reinos inestables y el breve Imperio carolingio, y la expansión del Imperio bizantino y los Estados musulmanes.

Ver además: Época medieval

Características de la Alta Edad Media

La Alta Edad Media puede caracterizarse de la siguiente manera:

  • Fue un período de transformación política y social en Europa, pues implicó el progresivo abandono de la cultura clásica de la Antigüedad grecorromana y el surgimiento de nuevas formas de vida social y cultural que caracterizaron a la Edad Media.
  • La composición étnica de Europa varió enormemente debido a las migraciones de los pueblos germánicos que se asentaron en los territorios del antiguo Imperio romano de Occidente y formaron los reinos germánicos. A estas migraciones prosiguieron los ataques de vikingos, magiares y musulmanes a partir del siglo IX.
  • Surgieron y se consolidaron entidades políticas más amplias que reclamaron la herencia del Imperio romano, como el Imperio carolingio y el Imperio bizantino. Ambos imperios se enfrentaron a la expansión del islam, que comenzó en el siglo VII y llevó a la conquista musulmana de amplios territorios, como el norte de África y la península ibérica.
  • La Iglesia católica surgió como un poder global, debido al contexto de inestabilidad política y gracias al afianzamiento del cristianismo y la evangelización de los pueblos del norte y este de Europa. Con el tiempo se convirtió en una institución más poderosa que los monarcas.
  • Aunque se la conoció tradicionalmente como una “Edad Oscura”, se realizaron importantes obras artísticas, como demuestran el arte bizantino, el arte prerrománico y las obras arquitectónicas y literarias del mundo islámico. Se trató, en todo caso, de un período de consolidación del monoteísmo (cristiano y musulmán) en todas las facetas de la vida cultural y artística, y del abandono de las tradiciones culturales y artísticas del mundo clásico.
  • Se inició un lento proceso de reemplazo del latín, la lengua oficial del Imperio romano, por las lenguas romances de Europa, es decir, idiomas derivados del latín. Esto no ocurrió en el Imperio bizantino, donde se impuso el griego como lengua oficial.

El contexto histórico de la Alta Edad Media

A finales del siglo IV, los ataques de los hunos sobre Europa oriental presionaron a los pueblos germánicos que habitaban las fronteras del Imperio romano. Estos pueblos, llamados “bárbaros” por los romanos, buscaron refugio en las tierras del imperio y la situación provocó conflictos, rebeliones e invasiones.

Entre 406 y 409, algunos de estos pueblos (vándalos, alanos y suevos) invadieron Galia e Hispania. Burgundios, alamanes y francos hicieron lo mismo en Galia y, en 410, los visigodos atacaron y saquearon Roma, previo a instalarse en la península ibérica. En 455 Roma volvió a ser saqueada, esta vez por los vándalos, y en 476 el último emperador romano de occidente, Rómulo Augústulo, fue depuesto por los hérulos.

Este hecho marcó la disolución del Imperio romano de Occidente y la configuración de una nueva sociedad en Europa, caracterizada por la formación de nuevos reinos y la combinación de tradiciones germánicas y romanas. A la vez, dio lugar a la consolidación del Imperio romano de Oriente, que sobrevivió a los ataques “bárbaros”, y a la expansión política de los nuevos Estados musulmanes.

Sociedad de la Alta Edad Media

La sociedad de la Alta Edad Media experimentó el tránsito de las formas de organización social del Imperio romano a las formas feudales que caracterizaron a la Plena Edad Media. Dicho tránsito se puede explicar por la inestabilidad del período, marcado por las guerras e invasiones y por la convivencia de tradiciones romanas y germánicas.

En general, la sociedad europea de este período experimentó un fenómeno de desurbanización, es decir, de abandono de las ciudades y retorno a la vida rural. Esto fue acompañado de un descenso de la población del continente. Sin embargo, los nuevos reinos formados por los pueblos germánicos absorbieron muchos aspectos de la organización política y social de los romanos, de modo que la ruptura con la sociedad de la Antigüedad clásica no fue abrupta.

La combinación entre tradiciones también provocó el reemplazo de la administración centralizada del Imperio romano por sistemas monárquicos que se basaban en la fidelidad de guerreros y aristócratas, que en algunos períodos adquirieron cierta autonomía respecto a los monarcas, como sucedió tras la disgregación del Imperio carolingio en el siglo IX. La Alta Edad Media fue también un período de expansión del cristianismo y de evangelización de los pueblos “bárbaros” y sus caudillos, de modo que la Iglesia católica se convirtió en un poder global.

Economía de la Alta Edad Media

Características de la Alta Edad Media economia
En la Alta Edad Media europea los campesinos libres trabajaban las tierras de nobles locales.

La economía de la Alta Edad Media estuvo signada por el fin del modelo de producción esclavista, característico de la Antigüedad clásica, y el paulatino surgimiento del modelo de producción feudal, propio del Medioevo. Esto significa que la producción de alimentos ya no estaba en manos de esclavos, sino que correspondía a colonos o campesinos libres, aunque a menudo sujetos a condiciones de servidumbre, dado que no eran dueños de las tierras que cosechaban.

Las tierras solían pertenecer a un noble local, por lo que el colono debía pagar una renta a su señor a cambio de poder trabajarla y recibir protección. Durante el Imperio carolingio, el monarca entregaba tierras a los nobles leales a cambio de sus servicios militares, lo que aumentó el poder local de los nobles que podían armarse.

La economía durante la Alta Edad Media fue mayoritariamente agrícola. El comercio mediterráneo fue administrado principalmente por el Imperio bizantino, pero se vio afectado por el creciente control comercial de los árabes en la región. En el ámbito musulmán, el Califato abasí impulsó el comercio y el florecimiento de las ciudades. 

Reinos e imperios de la Alta Edad Media

A lo largo de la Alta Edad Media hubo una importante inestabilidad política en Europa, Oriente Medio y el norte de África. La caída del Imperio romano de Occidente provocó el surgimiento de reinos germánicos en Europa, que en ocasiones se enfrentaron entre sí o cayeron ante la agresión de nuevos imperios. 

El Imperio romano de Oriente (Imperio bizantino) llegó a reconquistar durante un tiempo antiguos territorios imperiales occidentales pero luego vio reducidos sus dominios. Finalmente, en esta época nació el islam y comenzó la expansión musulmana por Oriente Medio y el Mediterráneo.

Los reinos germánicos

El asentamiento de los pueblos germánicos en el territorio del desaparecido Imperio romano de Occidente (francos, visigodos, ostrogodos, anglosajones, jutos, ávaros, vándalos, suevos, lombardos) dio origen a nuevos reinos germánicos que asimilaron el legado romano y aportaron diversidad étnica, lingüística y cultural a la región.

En la mayoría de ellos, el sistema provincial romano continuó en uso y convivieron tradiciones políticas germánicas y romanas. Muchos de estos reinos tuvieron una corta existencia, pues cayeron unos frente a otros o ante el ataque de los nuevos imperios de la época (como el Imperio bizantino o los Estados musulmanes).

En Italia, tras la destitución del rey de origen hérulo Odoacro se estableció el reino de los ostrogodos, que fue conquistado por el Imperio bizantino durante el reinado de Justiniano I. Poco después se instalaron los lombardos, cuyo reinado concluyó en el siglo VIII con la conquista de los francos, quienes cedieron al papado una franja de territorio conocida como Estados Pontificios.

En la península ibérica se establecieron los visigodos, que fundaron un reino que originalmente abarcaba también el sur de Francia. El fin del reino visigodo tuvo lugar en el año 711, cuando tropas árabes y bereberes del norte de África invadieron la península, vencieron al último rey visigodo y procedieron a la conquista del resto de la región. Los territorios dominados desde entonces por las autoridades musulmanas en la península ibérica recibieron el nombre de Al-Ándalus.

Los francos se instalaron en el norte del actual territorio de Francia y uno de sus reyes, Clodoveo, logró extender su dominio sobre la totalidad del territorio. Además, se convirtió al cristianismo y estableció la capital en París. La dinastía merovingia fundada por Clodoveo gobernó el reino franco hasta el siglo VIII. En las islas británicas, por otro lado, se establecieron una serie de reinos anglosajones.

Ver también: Reino visigodo

El Imperio bizantino

El Imperio bizantino tuvo distintas facetas de expansión y retroceso.

En el siglo III, el emperador romano Diocleciano estableció una división del Imperio romano en dos mitades (oriental y occidental) con el objetivo de mejorar su administración y defensa. Posteriormente, Constantino reunificó el imperio, fundó la ciudad de Constantinopla sobre la antigua Bizancio (hoy Estambul) y adoptó una actitud tolerante hacia los cristianos, que hasta entonces habían sido perseguidos.

Poco después de la muerte de Constantino, que se hizo bautizar como cristiano en su lecho de muerte, el emperador Teodosio I estableció el cristianismo como religión estatal del imperio. A la muerte de Teodosio en 395, el imperio quedó definitivamente dividido en dos mitades: el Imperio romano de Occidente, centrado en Roma, y el Imperio romano de Oriente, también llamado Imperio bizantino, con capital en Constantinopla (Bizancio).

A diferencia del Imperio romano de Occidente, que cayó en el siglo V debido en parte a las invasiones de pueblos germánicos, el Imperio bizantino pudo hacer frente a los ataques dirigidos contra su territorio y sobrevivió a lo largo de toda la Edad Media, hasta la conquista otomana de Constantinopla en 1453.

El Imperio bizantino alcanzó su mayor extensión durante el reinado de Justiniano I (527-565), quien se había propuesto restaurar las antiguas fronteras romanas y se expandió hacia occidente. Logró conquistar el norte de África, Sicilia, Italia y el sur de la península ibérica, pero sus sucesores perdieron la mayor parte de estos territorios, además de otros como Egipto y Siria, ante pueblos como los lombardos, los eslavos, los persas y los árabes.

En el siglo VII, el emperador Heraclio promovió el uso del griego en lugar del latín en los documentos oficiales, lo que marcó una clara diferencia con los reinos cristianos occidentales. Tiempo después, en el siglo XI, se produjo el cisma de Oriente que separó la Iglesia católica de Occidente de la Iglesia ortodoxa de Oriente.

Ver más en: Imperio bizantino

El Imperio musulmán

El término “Imperio musulmán” hace referencia a los distintos califatos que protagonizaron la expansión del islam desde la península arábiga, donde surgió en el siglo VII, hacia oriente y occidente. Esta expansión fue tanto religiosa como militar y ante ella cayeron en la Alta Edad Media el Imperio sasánida (centrado en Irán), partes del Imperio bizantino, todo el norte de África, la península ibérica (incluido el sur de Francia) y partes de Asia Central. Durante la Alta Edad Media existieron tres grandes califatos musulmanes:

  • El Califato ortodoxo (632-661). Fue fundado tras la muerte del profeta Mahoma en 632. Sus cuatro califas (sucesores de Mahoma), elegidos entre quienes habían sido compañeros del profeta, fueron Abu Bakr (632-634), Omar (634-644), Otmán (644-656) y Alí (656-661). En solo treinta años se expandió a la totalidad de la península arábiga, Mesopotamia, Siria, Palestina, el noreste de África (incluido Egipto) y gran parte de lo que hoy es Irán.
  • El Califato omeya (661-750). Fue fundado por una dinastía originaria de la tribu árabe Quraysh, a la que pertenecía Mahoma. Su primer califa, Muawiya, venció a Alí (último califa ortodoxo) en una guerra civil y el islam se dividió en dos ramas: los sunnitas, agrupados en torno a Muawiya, y los chiítas, partidarios de Alí y sus descendientes. Los omeyas gobernaron desde Damasco (Siria) y extendieron el imperio hasta el Magreb, la península ibérica y nuevas porciones de Asia. En Galia fueron detenidos por los francos, liderados por Carlos Martel.
  • El Califato abasí (750-1258). Fue fundado tras la revolución que acabó con la dinastía omeya y trasladó la capital del califato a Bagdad. En esta época, la cultura musulmana tuvo su momento de esplendor, como demuestran la expansión del comercio y las obras artísticas y científicas, incluida la composición de relatos que fueron recopilados en Las mil y una noches. La llegada al poder de los abasíes provocó la independencia de Al-Ándalus, con su capital en Córdoba, que se convirtió en un emirato omeya independiente en 756 y en un califato en 929. También se independizó una buena parte del norte de África. A mediados del siglo IX comenzó una etapa caracterizada por las guerras civiles y las revueltas que erosionaron el poder del Califato abasí, hasta que el último califa cayó frente a los mongoles en 1258.

El Imperio carolingio

El reino franco establecido a finales del siglo V en el territorio que los romanos llamaban Galia estaba gobernado por la dinastía merovingia (de origen germánico). Sin embargo, en el siglo VII adquirieron mayor poder unos funcionarios de la corte real que llevaban el título de mayordomo de palacio. Uno de ellos, Pipino el Breve, fue proclamado rey en 751. De este modo, comenzó el reinado de la dinastía carolingia.

El sucesor de Pipino el Breve fue Carlomagno, quien amplió las fronteras del reino franco a través de exitosas campañas militares, incluida la conquista del reino lombardo del norte de Italia. También combatió contra los eslavos y los ávaros del este de Europa y los musulmanes de Al-Ándalus, y convirtió al cristianismo a los sajones del norte de la actual Alemania. Carlomagno intentó restablecer el Imperio romano de Occidente y en el año 800 el papa León III lo nombró “emperador de los romanos”.

El momento de mayor extensión del Imperio carolingio fue el siglo IX. Llegó a abarcar desde los Pirineos al oeste (incluido el noreste de la península ibérica) hasta el norte de Italia, las actuales Austria, Francia, Suiza, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y la mayor parte de Alemania. Tras la muerte de Carlomagno en 814, su hijo Ludovico el Piadoso heredó el trono y dividió el imperio entre sus tres hijos, lo que provocó una guerra civil. Finalmente, ya muerto Ludovico, el imperio se dividió en tres mediante la firma del Tratado de Verdún en el año 843.

La disgregación del Imperio carolingio en el siglo IX otorgó poder a las aristocracias regionales, que estaban mejor capacitadas para hacer frente a los ataques de poblaciones magiares (húngaras), vikingas y musulmanas. Este fue uno de los orígenes del poder de los señores feudales durante la Plena Edad Media. Por otro lado, uno de los reyes de la porción oriental del Imperio carolingio, Otón I, logró vencer a los magiares y fue coronado emperador de los romanos por el Papa en 962, momento que algunos historiadores consideran el nacimiento del Sacro Imperio Romano Germánico.

Arte de la Alta Edad Media

Características de la Alta Edad Media arte
El arte de la Alta Edad Media era principalmente religioso.

Aunque tradicionalmente se consideró a la Edad Media, y en especial a la Alta Edad Media, como una “Edad Oscura”, este período produjo importantes obras artísticas, literarias e intelectuales. El arte pictórico en particular adquirió importancia y se convirtió en el método ideal para transmitir ideas religiosas, debido al declive de la alfabetización y la concentración de los libros en los monasterios, donde los monjes se dedicaban a copiarlos manualmente.

El arte europeo occidental de la Alta Edad Media, habitualmente llamado prerrománico, era principalmente religioso, con temas tomados de la tradición bíblica. Sin embargo, también existió un legado artístico que combinó el cristianismo con tradiciones estéticas y narrativas de las poblaciones “bárbaras”, como los celtas o las poblaciones germánicas.

El arte bizantino se destacó por la arquitectura monumental, como la basílica de Santa Sofía con su enorme cúpula (en la actual Estambul), y por los mosaicos que adornaban las iglesias, como la de San Vital en Rávena (Italia).

El arte y el pensamiento musulmanes fueron particularmente relevantes. Sus filósofos copiaron y comentaron obras filosóficas y científicas grecorromanas, los literatos escribieron poemas y relatos, y sus arquitectos diseñaron obras con estilos muy refinados (como la mezquita de los omeyas en Damasco y la mezquita abasí de Córdoba). Por mandato religioso, estas obras arquitectónicas carecían de imágenes o figuras.

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Referencias

  • Álvarez Palenzuela, V. A. (Coord.) (2002). Historia universal de la Edad Media. Ariel.
  • Britannica, Encyclopaedia (2022). Middle Ages. Encyclopedia Britannica. https://www.britannica.com/ 
  • García de Cortázar, J. A. y Sesma Muñoz, J. A. (2014). Manual de historia medieval. Alianza.
  • Hunt, L., Martin, T. R., Rosenwein, B. H. y Smith, B. G. (2016). The Making of the West. Peoples and Cultures. 5th edition. Bedford/St. Martin’s.
  • Le Goff, J. (1999). La civilización del occidente medieval. Paidós.

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"Alta Edad Media". Autor: Augusto Gayubas. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/alta-edad-media/. Última edición: 16 mayo, 2024. Consultado: 17 julio, 2024.

Sobre el autor

Autor: Augusto Gayubas

Doctor en Historia (Universidad de Buenos Aires)

Fecha de actualización: 16 mayo, 2024
Fecha de publicación: 7 septiembre, 2021

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