Crisis de los misiles (1962)

Te explicamos qué fue la crisis de los misiles y su importancia en la Guerra Fría. Además, las negociaciones entre Jruschov y Kennedy.

La crisis de los misiles entre la URSS y EE. UU. fue resuelta por Nikita Jruschov y J. F. Kennedy en 1962.

La “crisis de los misiles” fue un conjunto de sucesos que generaron una gran tensión internacional en el contexto de la Guerra Fría. Se trató de la preparación para el enfrentamiento bélico entre Estados Unidos y la Unión Soviética en su carrera armamentística. 

Cuando la Revolución cubana de Fidel Castro triunfó (1959), los intereses estadounidenses en Cuba se vieron perjudicados y el gobierno norteamericano tomó una serie de medidas agresivas para imponerse sobre este país. Sin embargo, ante esta situación Castro obtuvo el apoyo de la URSS para mantener su autonomía y aprobó la instalación de misiles soviéticos en la isla. 

En respuesta, los barcos de guerra norteamericanos rodearon Cuba y EE.UU. amenazó con una invasión total y el ataque a cualquier navío soviético que se acercara. Sin embargo, ante el peligro de un enfrentamiento directo entre ambas superpotencias, los gobiernos optaron por negociar y evitar el desarrollo de una guerra nuclear de destrucción masiva.

Las negociaciones entre John F. Kennedy (presidente de Estados Unidos) y Nikita Jruschov (líder de la URSS) durante la Crisis de los misiles generaron un acuerdo. En consecuencia, los misiles fueron desinstalados y los gobiernos norteamericano y soviético iniciaron una política de conciliación y diplomacia. Se inició así, una nueva etapa de la Guerra Fría, conocida como la “coexistencia pacífica”.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue la crisis de los misiles?

La crisis de los misiles en Cuba fue un periodo de tensión extrema entre EE. UU. y la URSS en el marco de la Guerra Fría. Sucedió en 1962, cuando el gobierno de Fidel Castro en Cuba se alió con la URSS y permitió la instalación de misiles en la isla apuntados a EE. UU. Fue uno de los conflictos más importantes de la Guerra Fría y marcó un antes y un después en las relaciones entre EE. UU. y la URSS.

¿Qué causó la crisis de los misiles?

La crisis de los misiles se desencadenó por diferentes causas. Estados Unidos estaba en contra del gobierno socialista de Fidel Castro en Cuba, que implementaba medidas que perjudicaban los intereses económicos norteamericanos en la isla e intentó en reiteradas ocasiones derrocar su gobierno. Ante esta situación, Castro buscó el apoyo de la Unión Soviética, que era el principal enemigo de Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría. Para obtener su asistencia militar ante la posible invasión norteamericana, Castro permitió la instalación de misiles soviéticos en su isla. 

¿Por qué es importante la crisis de los misiles?

La crisis de los misiles fue uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría. Durante octubre de 1962, se vivió un verdadero temor a que si los líderes no podían llegar a un acuerdo se desencadenaría una guerra de alcance mundial con armamentos de destrucción masiva (bomba nuclear). Ante esta situación, los líderes de Estados Unidos y de la Unión Soviética iniciaron negociaciones para evitar la escalada de violencia. Desde que finalizó la crisis, las relaciones entre ambos países se relajaron y se establecieron acuerdos para evitar el desarrollo de una guerra nuclear.

Los antecedentes de la Crisis de los misiles en Cuba

El gobierno de Fidel Castro en Cuba perjudicaba los intereses económicos y políticos de Estados Unidos.

Cuba había sido un país estrechamente ligado a los intereses estadounidenses desde su independencia de España en 1898. La revolución de Fidel Castro en 1959, que en un principio no se definía como comunista pero que tenía una clara orientación nacionalista, comenzó a tomar medidas que perjudicaban los intereses estadounidenses. Castro había iniciado un proceso de nacionalización de empresas y de reforma agraria.

La reacción de Estados Unidos fue inmediata y agresiva. En 1961, el presidente, Dwight Eisenhower, congeló los activos cubanos en los bancos estadounidenses y rompió formalmente las relaciones diplomáticas con Cuba. Luego, los estadounidenses impusieron un bloqueo económico, expulsaron a Cuba de la OEA (Organización de Estados Americanos) y organizaron una invasión a Bahía de Cochinos (en el sur de Cuba) que fracasó.

En ese contexto, el régimen de Fidel Castro buscó el apoyo del Bloque oriental socialista, con el objetivo de estrechar las relaciones con la URSS. A su vez, la influencia y los continuos intentos de intervención estadounidense lo llevaron a establecer un control cada vez más rígido sobre la política y la sociedad cubanas, a fin de consolidar el poder de la revolución y evitar la restitución de un gobierno pronorteamericano. 

Nikita Jruschov (líder de la URSS) obtuvo de su alianza con Cuba una ventaja inesperada. En 1961, Estados Unidos había instalado una planta de misiles nucleares en Turquía. En respuesta y aprovechando esta nueva situación, Jruschov negoció con Castro y acordó la instalación de misiles de mediano alcance en la isla de Cuba. Cuando un avión espía norteamericano sobrevoló el área y advirtió al gobierno de las nuevas instalaciones, se desencadenó la Crisis de los misiles, una de las crisis más graves de la Guerra Fría. 

Desarrollo de la Crisis de los misiles

En octubre de 1962, los aviones espías norteamericanos U2 detectaron la construcción de rampas de misiles y la presencia de tropas soviéticas en la isla de Cuba. El 22 de octubre, con el apoyo de sus aliados occidentales, John F. Kennedy (el nuevo presidente de EE. UU.) ordenó establecer lo que llamó una "cuarentena defensiva". 

Se trató de una maniobra militar para bloquear el conjunto de la isla. Se desplegaron unidades navales y aviones de combate formando un perímetro en torno a Cuba. Luego, Kennedy amenazó con atacar cualquier nave soviética que se acercara al perímetro. Mientras tanto, se planificó la invasión por aire, tierra y agua de la isla. 

Este fue el momento de la Guerra Fría en que más cerca estuvieron la URSS y Estados Unidos de enfrentarse en un ataque directo. Sin embargo, ambas potencias reconocían que un enfrentamiento directo desembocaría en una guerra nuclear y en la destrucción mutua.  

Ante esta situación, Jruschov y Kennedy iniciaron negociaciones secretas. Finalmente, Kennedy aceptó remover los misiles estadounidenses desplegados en Turquía y se comprometió a no atacar Cuba y respetar su autonomía. A cambio, Jruschov retiró los misiles de la isla cubana. 

Las consecuencias de la Crisis de los misiles

Luego de la crisis de los misiles, Jruschov y Kennedy buscaron mejorar las relaciones entre la URSS y EE.UU.

El peligro real de una guerra nuclear durante la Crisis de los misiles llevó a ambas potencias a establecer un acuerdo para distender las tensiones. Desde entonces, se estableció el “teléfono rojo”: una línea de comunicación directa entre la Casa Blanca (la sede del gobierno de EE. UU.) y el Kremlin (la sede de gobierno de la URSS). De esta manera, se buscaba mejorar las relaciones diplomáticas entre ambas superpotencias. 

A su vez, esto vino acompañado de una nueva orientación política internacional. Tras la crisis de Cuba, la Guerra Fría entró en su etapa conocida como la “coexistencia pacífica”. Durante este periodo, las superpotencias buscaron definir a través de la diplomacia y la negociación los diferentes conflictos que las enfrentaron

Además, impulsaron una serie de iniciativas para evitar el desenlace de una guerra nuclear y limitar el crecimiento de la capacidad armamentística. 

Correspondencia entre Kennedy y Jrushchov acerca de la crisis de los misiles

Ante la crisis que se originó con la instalación de los misiles soviéticos en Cuba, los líderes de la Unión Soviética y Estados Unidos debieron iniciar negociaciones para llegar a un acuerdo y evitar la escalada de violencia en el conflicto. Hay dos cartas icónicas de este intercambio, escritas el 26 y 28 de octubre, que permiten ilustrar el inicio de las negociaciones entre las dos potencias.

Carta de Nikita Jrushchov a John. F.  Kennedy

26 de octubre de 1962

Estimado señor presidente:

He sabido con satisfacción su respuesta al señor Thant en el sentido de que se tomarán medidas para impedir el contacto entre nuestros barcos y con ello evitar irremediables consecuencias.

Este razonable paso por su parte refuerza mi creencia de que usted está demostrando preocupación por salvaguardar la paz y observo esto con gran satisfacción.

Ya he sostenido en alguna ocasión que nuestro pueblo, nuestro Gobierno y yo personalmente, como presidente el Consejo de Ministros, estamos preocupados únicamente en que nuestros países puedan desarrollarse y ocupar un lugar digno entre todos los pueblos del mundo en la competencia económica, en el progreso de la cultura y de las artes, en el incremento el bienestar de la humanidad.

Éste es el campo más noble y necesario para la competencia y, tanto los vencedores como los vencidos, sólo ganancias pueden obtener de ella, puesto que en él va implícita la paz y el mejoramiento de las condiciones de vida del hombre.

En su declaración usted ha sustentado que el principal objetivo es llegar a un acuerdo y adoptar las medidas necesarias para impedir un choque entre nuestro buques, con la consiguiente acentuación de la crisis que podría desembocar en un conflicto militar, tras de cuyo estallido todas las conversaciones serían superfluas ya que entonces entrarían en liza otras fuerzas y otras leyes, las leyes de guerra.

Estoy de acuerdo con usted. Pero éste es sólo el primer paso, puesto que la medida más importante a adoptar es la normalización y la estabilización de la paz entre los Estados y entre los pueblos.

Me hago cargo perfectamente de su preocupación, señor presidente, por la seguridad de los Estados Unidos, porque éste es el primer deber de un presidente. Pero nosotros, los rusos, estamos también preocupados por la misma cuestión, y yo como presidente del Consejo de Ministros asumo las mismas obligaciones en relación con la URSS.

Usted ha mostrado su preocupación por el hecho de que nosotros hemos ayudado con armas a Cuba a fin de fortalecer su capacidad defensiva -sí, precisamente su «capacidad defensiva»-, porque, prescindiendo de las armas que posea, Cuba no puede compararse con los Estados Unidos. Son muy diferentes las cantidades, el potencial militar de que disponen Estados Unidos y Cuba.

Nuestra intención ha sido, y sigue siendo, ayudar a Cuba. Y nadie puede negar el carácter humano de nuestros motivos, que no son otros que hacer posible que Cuba viva en paz y que se desarrolle de acuerdo con los deseos de su pueblo.

Usted desea mantener la seguridad de su país. Esto es comprensible, pero Cuba aspira a lo mismo. Todos los países desean mantener su propia seguridad.

¿De qué forma podemos nosotros, la Unión Soviética, nuestro Gobierno, valorar las acciones de ustedes, concretamente el hecho de que hayan ustedes rodeado con bases militares a la Unión Soviética y a nuestros aliados, estableciendo en ellas arsenales de proyectiles? Los funcionarios norteamericanos han declarado infinidad de veces, y de modo inequívoco, que sus proyectiles están emplazados en Gran Bretaña y en Italia y que están apuntando contra nosotros. Por supuesto también hay proyectiles emplazados en Turquía.

Usted está preocupado por causa de Cuba. Usted dice que Cuba le preocupa porque hay una distancia de tan sólo 145 kilómetros desde ella a la costa americana. ¿Considera acaso que tiene usted derecho a demandar seguridad para su país y la retirada de todas aquellas armas a las que califica de «ofensivas» y no reconoce que el mismo derecho nos asiste a nosotros?

Usted ha instalado proyectiles mortíferos, armas de las consideradas ofensivas por usted, en el suelo de Turquía, prácticamente al lado nuestro. ¿Cómo puede entonces admitirse una concordancia entre nuestra semejante capacidad militar y las desiguales relaciones entre nuestros dos grandes Estados?

Está bien, señor presidente, que haya accedido usted a que nuestros representantes se reúnan e inicien conversaciones aparentemente bajo la mediación del secretario general de las Naciones Unidas, U Thant. Este funcionario internacional ha asumido el papel de mediador y nosotros le consideramos capacitado para llevar adelante esta misión de responsabilidad, dando por sentado, por supuesto, que cada una de las partes ha de demostrar buena voluntad para solucionar el conflicto.

Yo estimo que es posible poner fin rápidamente al conflicto y normalizar la situación de modo que los pueblos puedan respirar más fácilmente considerando que los hombres de Estado responsables tienen buen sentido, plena consciencia de sus responsabilidades, capacidad suficiente para resolver cuestiones complicadas y no habrán de dejar que los acontecimientos desemboquen en la catástrofe de una guerra.

Por consiguiente, hago a usted esta proposición: nosotros accedemos a retirar de Cuba aquellos materiales que usted calificó de ofensivos, y podemos comprometernos a ello en el seno de las Naciones Unidas. En reciprocidad, sus representantes harán una declaración en el sentido de que los Estados Unidos, considerando las dificultades y la ansiedad del Estado soviético, retirarán de Turquía similares materiales ofensivos.

Lleguemos a un acuerdo en cuanto al período de tiempo necesario, para ustedes y para nosotros, al objeto de poner en práctica este plan. Después de esto, personas de confianza del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, podrán vigilar sobre el terreno el cumplimiento exacto de los compromisos.

Por supuesto, será necesaria la autorización de los Gobiernos de Cuba y Turquía para que los agentes de la ONU puedan entrar en los respectivos países y llevar a cabo su misión de inspección. Lo ideal sería que estos agentes gozaran no sólo de la confianza del Consejo de Seguridad, sino de la confianza de los Estados Unidos, de la Unión Soviética y de Turquía y Cuba. Creo que no será difícil elegir a esos agentes que deberán respetar los intereses de todas las partes afectadas.

Nosotros, comprometiéndonos a dar satisfacción a las esperanzas de los pueblos de Cuba y Turquía y a fortalecer la confianza de ellos en su propia seguridad, haremos una declaración ante el Consejo de Seguridad de modo que el Gobierno soviético haga la promesa solemne de respetar la soberanía de Turquía y la inviolabilidad de sus fronteras, de no interferir en sus asuntos, de no invadir Turquía, de no hacer del territorio soviético una cabeza de puente para tal invasión y de contener las intenciones de todas las personas que proyecten una agresión contra Turquía, tanto desde el territorio de la Unión Soviética como desde el de otros Estados vecinos de la nación turca.

El Gobierno de los Estados Unidos hará una declaración análoga, también ante el Consejo de Seguridad, en el sentido de respetar a Cuba. Declarará que los Estados Unidos, impulsados por el respeto a la soberanía de Cuba y a la inviolabilidad de sus fronteras, se comprometen a no interferir en sus asuntos internos, a no invadir Cuba, a no hacer del territorio norteamericano una plataforma para tal invasión y a contener las intenciones de todas las personas que proyecten una agresión contra Cuba, tanto desde el territorio de los Estados Unidos como desde el territorio de los estados vecinos de la nación cubana.

Para esto necesitaríamos, naturalmente, llegar a un acuerdo sobre un tiempo límite. Lleguemos, pues, a un acuerdo sobre tal periodo de tiempo, pero sin retrasarlo demasiado: dos o tres semanas, desde luego no más de un mes.

Los materiales situados en Cuba a que usted se ha referido y que constituyen el motivo de su preocupación, están en manos de oficiales soviéticos. Por lo tanto, queda excluido cualquier uso accidental de los mismos con daño para Estados Unidos.

Estos materiales están emplazados en Cuba a petición del Gobierno cubano y exclusivamente con fines de defensa. Por lo tanto, si no hay invasión de Cuba ni ataque contra la Unión Soviética o contra alguno de sus aliados, estos materiales no constituyen ni constituirán una amenaza para nadie. Porque su instalación no persigue propósitos de ataque.

Si está usted de acuerdo con mi proposición, señor presidente, nosotros podemos enviar a nuestros representantes a Nueva York, a las Naciones Unidas, con instrucciones concretas a fin de que podamos alcanzar un acuerdo. Si usted elige también a sus hombres y les da las correspondientes instrucciones la cuestión puede quedar zanjada rápidamente.

¿Por qué deseo yo esto? Porque el mundo entero se encuentra actualmente preocupado y espera de nosotros una rápida solución. La mayor alegría para todos los pueblos puede ser el anuncio de nuestro acuerdo sobre la radical liquidación del conflicto planteado. Yo atribuyo una gran importancia a este acuerdo, que puede ser, además, utilizado como un buen paso para allanar el camino a un convenio sobre la prohibición de pruebas nucleares. La cuestión de las pruebas debe ser estudiada paralelamente, aunque sin relacionar un asunto con el otro, puesto que son de naturaleza diferente.

Sin embargo, es importante que se alcance un acuerdo sobre las dos cuestiones para prestar al pueblo un buen servicio, para alegrarle también con la noticia de la interrupción de las pruebas nucleares, para demostrarle que la atmósfera no habrá de ser por más tiempo contaminada. Nuestra posición y la suya a este respecto, señor presidente, son muy cercanas.

Todo esto puede ser utilizado también como un buen punto de partida hacia la consecución de otros acuerdos sobre otras cuestiones acerca de las cuales intercambiamos ahora nuestros puntos de vista. Estas cuestiones no han podido quedar resueltas por ahora, pero están esperando una urgente solución que haga más clara la atmósfera internacional. Nosotros estamos dispuestos a conseguirla.

Estas son, pues, mis proposiciones, señor presidente. Suyo, respetuosamente,

Nikita Jruschov

Carta de John. F. Kennedy a Nikita Jrushchov

28 de octubre de 1962

Querido señor presidente:

He leído su carta del 26 de octubre con gran detenimiento y celebro conocer su deseo de buscar una pronta solución al problema. Lo primero que precisa hacerse, sin embargo, es cesar en el trabajo de las instalaciones para proyectiles dirigidos en Cuba, e inutilizar todas las armas ofensivas existentes en Cuba, bajo la supervisión de las Naciones Unidas.

En la creencia de que esto se llevará a cabo prontamente, he dado instrucciones a mis representantes en Nueva York que les permitirán trazar durante este fin de sernana, en cooperación con el secretario general en funciones de las Naciones Unidas y sus representantes, un acuerdo para una solución permanente del problema cubano, siguiendo las líneas sugeridas por usted en su carta del 26 de octubre. De acuerdo a como yo leo y entiendo su carta, los elementos claves de sus propuestas que me parecen aceptables en general son los siguientes:

1. Usted acordará eliminar estas instalaciones para armas ofensivas existentes en Cuba, bajo la observación y supervisión de las Naciones Unidas, y proceder, con adecuadas seguridades, a detener la introducción de tales instalaciones y armas en Cuba.

2. Nosotros, por nuestra parte, estaremos dispuestos —mediante el establecimiento de los adecuados acuerdos realizados a través de las Naciones Unidas para asegurar la continuidad y la puesta en marcha de esos compromisos— a lo siguiente: a) levantar inmediatamente las medidas de cuarentena ahora en vigor; y b) dar seguridad contra la invasión de Cuba. Confío en que otras naciones del hemisferio occidental estén dispuestos a actuar del mismo modo.

Si usted da a sus representantes concretas instrucciones, no existe razón por la cual no seamos capaces de completar estos acuerdos y anunciarlos al mundo dentro de un par de días. El efecto de tal acuerdo sobre la tensión mundial nos permitirá continuar trabajando hacia un acuerdo general referente a «otros armamentos» como propone usted en su segunda carta que ha hecho pública. Me gustaría señalar de nuevo que los Estados Unidos están interesados en reducir las tensiones y detener la carrera de armamentos. Y esta carta significa que usted está dispuesto a discutir una tregua que afecta a la OTAN y al Pacto de Varsovia, nosotros estamos dispuestos a considerar con nuestros aliados cualquier propuesta o propuestas convenientes.

Pero la primera condición, preciso recalcarlo, es el cese del trabajo en las instalaciones de lanzamiento de proyectiles dirigidos en Cuba y las adecuadas medidas para inutilizar tales proyectiles, bajo concretas garantías internacionales. La continuación de esta amenaza, o la extensión de esta discusión referente a Cuba relacionándola con otras cuestiones referentes a la seguridad europea y del mundo, conducirán seguramente a una intensificación de la crisis cubana y a un grave efecto para la paz del mundo. Por esta razón, espero que podamos ponernos de acuerdo conforme a lo señalado en esta carta y en su carta del 26 de octubre de 1962.

John F. Kennedy

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Referencias

  • Britannica, The Editors of Encyclopaedia. (2023). "Cuban missile crisis". Encyclopedia Britannica, https://www.britannica.com/ 
  • Martínez Rueda, F. (2006). “Correspondencia entre Kennedy y Kruschev acerca de la crisis de los misiles (1962)”. Materiales para la historia del mundo actual. Ediciones AKAL. 
  • Van Dijk, R., Gray, W. G., Savranskaya, S., Suri, J., & Zhai, Q. (Eds.). (2013). “Cuban missile crisis”. Encyclopedia of the Cold War. Routledge.
  • Wilczynski, J. (2019). “Cuban missile crisis”. En An Encyclopedic Dictionary of Marxism, Socialism and Communism: economic, philosophical, political and sociological theories, concepts, institutions and practices-classical and modern, East-West relations included. Walter de Gruyter GmbH & Co KG.

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"Crisis de los misiles (1962)". Autor: Teresa Kiss. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/crisis-de-los-misiles-1962/. Última edición: 28 septiembre, 2023. Consultado: 25 mayo, 2024.

Sobre el autor

Autor: Teresa Kiss

Profesorado de Enseñanza Media y Superior en Historia (Universidad de Buenos Aires)

Fecha de actualización: 28 septiembre, 2023
Fecha de publicación: 28 septiembre, 2023

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