Diego Rivera

Te explicamos quién fue Diego Rivera, por qué se lo considera uno de los más grandes exponentes de la Escuela Muralista de México y cómo fue su relación con Frida Kahlo.

Diego Rivera es considerado como uno de los grandes genios del muralismo mexicano.

¿Quién fue Diego Rivera?

Diego Rivera fue un pintor mexicano, considerado como uno de los máximos exponentes de la escuela muralista mexicana junto a José Clemente Orozco y a David Alfaro Siqueiros. En su obra, que abarca pinturas y grandes murales, incursionó en el cubismo y en el realismo social, y contiene una importante carga política, representativa de la Revolución mexicana.

Por otro lado, su atormentada relación amorosa con la también pintora Frida Kahlo, durante la cual los dos influyeron en sus respectivas obras, ha sido motivo de estudio y de interés por parte de artistas, biógrafos e investigadores, y ha inspirado obras teatrales y cinematográficas.

La obra pictórica de Rivera tuvo una importante apreciación internacional y goza aún de una enorme popularidad. Muchos de sus murales se encuentran en varios puntos del Centro Histórico de la Ciudad de México, así como en otras ciudades mexicanas, sudamericanas o de los Estados Unidos. A Rivera se le atribuye la revalorización del fresco en América Latina.

Nacimiento y juventud de Diego Rivera

Diego Rivera nació el 8 de diciembre de 1886 en la ciudad de Guanajuato, fue hijo de Diego Rivera Acosta y María del Pilar Barrientos. Vino al mundo aquejado por raquitismo, junto a su hermano gemelo Carlos, quien murió al año siguiente.

En ese entonces, México era gobernado autoritariamente por el caudillo Porfirio Díaz y consistía en una sociedad conservadora, de clases sociales muy separadas, asentada en los ideales del positivismo. El padre de Rivera, blanco criollo y maestro de escuela, había formado parte del ejército bajo el mando de Maximiliano I (1832-1867) y gozaba, por lo tanto, de una posición favorecida frente a las clases poderosas de la época.

Diego fue un niño enfermizo, que demostró desde temprano sus inclinaciones artísticas. Con cuatro años de edad era un ávido lector y se interesaba por la pintura, y cuando la familia se mudó a la Ciudad de México, comenzó a recibir clases nocturnas en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, a los diez años. 

Su padre quería que Diego asistiera al Colegio Militar, pero pronto quedó en evidencia que el joven estaba destinado a un mundo diferente. Fue becado en la Academia de San Carlos para estudiar a tiempo completo, y a los 19 años de edad recibió una pensión de la Secretaría de Educación y otra de la gobernación de Veracruz
Estas becas juveniles le permitieron viajar a Madrid a estudiar las obras de los grandes pintores europeos, así como asistir al taller de Eduardo Chicharro y Alguera (1873-1949), un conocido retratista español. Diego llegó a su estudio recomendado por el pintor y escritor Gerardo Murillo (1875-1964), mejor conocido como el Dr. Atl, a quien había conocido en la capital mexicana.

El “Dr. Atl” fue un pintor, escritor, explorador, crítico de arte, político y periodista mexicano que fue muy influyente en la constitución del movimiento muralista mexicano. Aunque nunca formó parte de este movimiento artístico, el Dr. Atl fue una figura tutelar para sus grandes exponentes, como José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y, en menor medida, Diego Rivera, quienes heredaron su visión social, nacionalista y revolucionaria, y la plasmaron después en sus respectivos murales.

Los años en Europa

Diego en 1920, París, junto a León Caillou, David Alfaro Siqueiros, Magda Caillou, Angelina Beloff y Graciela Amador.

Los años en Europa fueron sumamente nutritivos para el joven Diego. Alternaba sus días entre el taller de Chicharro y las sesiones de dibujo y pintura a las que se sometía frente a un cuadro de Francisco de Goya (1746-1828) o del El Greco (1541-1614), o de algún edificio histórico de Madrid. 

Al finalizar su segundo año en España, Diego partió junto con otros colegas a París. Allí conoció el arte de los simbolistas franceses y se dejó influenciar especialmente por la obra de Pierre Puvis Chavannes (1824-1898), autor de pinturas que hacía en grandes lienzos colgados de la pared. La idea de un arte mural comenzó a formarse entonces en la mente de Rivera.

Otro lugar muy visitado por Diego y por sus compañeros fue Bruselas, y también Brujas, considerada el corazón de los simbolistas neerlandeses. Estando allí, Rivera realizó sus primeros cuadros conocidos, como Casa sobre el puente (1909), y conoció además a Angelina Beloff (1879-1969), una pintora rusa siete años mayor que él, con quien sostuvo un romance que duró diez años.

En compañía de Beloff, Diego visitó Londres y sus numerosos museos, y pintó a los obreros y sus manifestaciones. En 1910 se asentó de nuevo en París, donde conoció a los cubistas Pablo Picasso (1881-1973) y Georges Braque (1882-1963). El estilo cubista fue muy importante para Diego, y hasta 1917 lo puso en práctica en sus cuadros. A partir de entonces, en cambio, adoptó un estilo postimpresionista más similar al de Paul Cézanne (1839-1906). 

En 1910, por otro lado, estalló la Revolución mexicana, y a diferencia de sus compañeros muralistas Orozco y Siqueiros, Rivera no participó directamente en la militancia revolucionaria. Los siguientes años tuvo un hijo con Angelina Beloff, llamado Diego (nacido en 1916), y otro con la pintora cubista rusa Marie Vorobieff (1892-1984), llamada Marika (nacida en 1919), a la que nunca reconoció pero sí sostuvo económicamente.

En 1920, Rivera abandonó Francia y también a su querida Angelina. Tras un breve tránsito por Italia, durante el cual se dedicó a estudiar el arte renacentista, decidió volver a México en 1921.   

El muralismo mexicano

Rivera, Orozco y Siqueiros fueron los máximos exponentes del muralismo mexicano.

Tras su regreso a México, Rivera formó parte del programa de estímulo a la pintura mural que el político y escritor José Vasconcelos (1882-1959) llevó adelante como secretario de educación pública, y que encargaba la creación de murales en colegios, institutos y edificios gubernamentales. 

En este contexto, Rivera pintó sus primeros murales en la Ciudad de México. En enero de 1922, pintó La creación en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Universidad Nacional de México, cuyo tema central fue la formación de la raza mexicana. En este proyecto lo asistieron los pintores mexicanos Amado de la Cueva (1891-1926) y Xavier Guerrero (1896-1974), así como el guatemalteco Carlos Mérida (1891-1984) y el francés Jean Charlot (1898-1979).

En 1923, comenzó a pintar murales en el edificio de la Secretaría de Educación Pública de la Ciudad de México, y los completó en 1928. Allí Rivera pintó los muros de los corredores, elevadores y escaleras, tanto en el primer patio (titulado “Patio del trabajo”) y segundo patio (“Patio de las fiestas”) como en la planta baja, primer piso y segundo piso.

Estos primeros murales marcaron el ingreso de Rivera a la madurez de su estilo artístico, que consiste en líneas precisas y figuras simplificadas, colores vibrantes, y un estilo lírico, a veces elegíaco, con el cual abordó temas de la realidad nacional mexicana

En esa época, además, Rivera se casó con la modelo y novelista mexicana Guadalupe “la gata” Marín (1893-1981), con quien tuvo luego dos hijas: Lupe (nacida en 1924) y Ruth (nacida en 1926). También se afilió al Partido Comunista Mexicano y fundó, junto a Orozco y Siqueiros, el Sindicato de Obreros Técnicos Pintores y Escultores, para defender los intereses de los artistas que trabajaban en la decoración de edificios públicos.  

El siguiente ciclo importante de murales de Rivera tuvo lugar en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, entre 1923 y 1927. Allí representó la épica indígena mexicana y el sometimiento de la conquista europea, con el título Canto a la tierra. La historia mexicana fue, entre 1929 y 1935, el principal tema de su obra muralística

En 1927, además, fue invitado a Moscú por la Unión Soviética, en el marco de los festejos por los diez primeros años de la Revolución de Octubre. Al año siguiente se divorció de Guadalupe Marín y en 1929 asumió la conducción de la Escuela Central de Artes Plásticas, que desempeñó durante nueve meses. 

Ese mismo año fue expulsado del Partido Comunista, debido a su relación con el gobierno mexicano, y se volvió a casar, esta vez con la pintora mexicana Frida Kahlo (1907-1954), quien le había servido de modelo. Al año siguiente, fue invitado a los Estados Unidos, para cumplir con varias ofertas importantes de trabajo mural.  

Diego y Frida 

El turbulento amor entre Frida Kahlo y Diego Rivera es uno de los más conocidos de la biografía de ambos.

Rivera conoció a Frida Kahlo a través de la fotógrafa italiana Tina Modotti, quien había sido una de las numerosas amantes del pintor. Las afinidades ideológicas (ambos militantes comunistas) y artísticas entre Kahlo y Rivera los condujeron al matrimonio en 1929, pero su relación estuvo repleta de traiciones, pleitos y reconciliaciones. Se divorciaron diez años después, aunque volvieron a casarse al año siguiente. Al momento de su primera boda, Diego tenía 43 años y Frida apenas 22.

Frida había sufrido un importante accidente vial en 1925, por lo que su salud era complicada. Por eso, cuando en 1930 quedó embarazada, debió someterse a los tres meses a un aborto, pues el feto estaba mal posicionado y corría riesgo su vida. Sus futuros dos embarazos tampoco llegaron a término.
Aunque la pareja se fue mutuamente infiel en numerosas ocasiones (Rivera tuvo incluso un romance con Cristina, la hermana de Frida), supo retroalimentarse artísticamente y en sus obras hubo un diálogo importante. Estuvieron juntos durante la estancia de Rivera en Estados Unidos y luego en México hasta la muerte de Kahlo en 1954.

Entrevistado por la escritora mexicana Elena Poniatowska (1932-), Diego Rivera afirmó sobre la entonces fallecida Frida Kahlo lo siguiente:

¿Las mujeres que he amado? Tuve la suerte de amar a la mujer más maravillosa que he conocido. Ella fue la poesía misma y el genio mismo. Desgraciadamente no supe amarla a ella sola, pues he sido siempre incapaz de amar a una sola mujer”.

Tomado del diario La Jornada (2007).

Una temporada en Estados Unidos

El hombre controlador del Universo, mural de Rivera en el Rockefeller Center en Nueva York, EE. UU.

Rivera llegó a los Estados Unidos, acompañado de Frida Kahlo, en noviembre de 1930. Allí residieron durante cuatro años, a lo largo de los cuales Rivera emprendió diferentes encargos murales en San Francisco, Detroit y Nueva York

Los primeros de estos encargos fueron un mural para el City Club de la Bolsa de San Francisco y otro para el Instituto de Arte de San Francisco: el primero se tituló Alegoría de California y el segundo Hacer un fresco. En esa misma ciudad realizó, más adelante, Unidad Panamericana (1940) en el City College de San Francisco. 

En Detroit, similarmente, pintó un mural para el Instituto de Artes en 1933, en el que abordó el trabajo automotriz desde la perspectiva del obrero, con un estilo realista y futurista, no desprovisto de sus característicos elementos precolombinos. 

Sin embargo, el más célebre de los murales que Rivera pintó en su visita a los Estados Unidos fue El hombre en la encrucijada, también llamado El hombre controlador del universo, que le fue solicitado por el millonario Nelson Rockefeller para decorar el Rockefeller Center, en Nueva York. Un edificio de la 5ta avenida neoyorkina que era un importante símbolo del capitalismo estadounidense.

Rivera culminó este mural en 1934 y su presentación al público fue sumamente polémica. La obra, de más de 4x11 metros, constaba de tres segmentos: uno central, donde un obrero aparece manejando una máquina que controla el universo; uno izquierdo, donde aparecen Charles Darwin, una estatua de piedra y diversas escenas bélicas; y uno derecho en el que se puede apreciar el mundo socialista, con presencia del Ejército Rojo, Karl Marx, Friedrich Engels, León Trotski y Vladimir Lenin.   

La presencia de estas figuras revolucionarias fue considerada como una ofensa por parte de los Rockefeller, y la situación fue materia de escándalo. A punto tal, que el mural en cuestión fue cubierto con una lona y, posteriormente, destruido por instrucción de los Rockefeller.

Por otro lado, la vida en los Estados Unidos no era demasiado grata para la pareja de artistas mexicanos. Frida jamás se acostumbró a la lejanía de su tierra, de modo que, a pesar de los cuantiosos pagos que Rivera recibía por sus murales, decidieron emprender el regreso en 1934.

El regreso a México y el exilio de Trotski

El líder revolucionario León Trotski se hospedó en casa de Diego y Frida durante su exilio en 1936.

De vuelta en México, Rivera era ya una figura de renombre internacional, además de un símbolo político asociado a la Revolución mexicana

Así, en 1934 rehízo el mural destruido en el Rockefeller Center de Nueva York, esta vez sobre un soporte móvil en el Palacio de Bellas Artes. Al mismo tiempo, se involucró en la conformación de un grupo político adherido a la IV Internacional Socialista, es decir, una oposición izquierdista al estalinismo imperante en la Unión Soviética. Esto, al final, no logró concretarse.

Sin embargo, fueron Rivera y el político mexicano Octavio Fernández Vilchis quienes convencieron al entonces presidente mexicano Lázaro Cárdenas (1895-1970) de ofrecerle asilo político al líder socialista ruso León Trotski (1879-1940), perseguido por la inteligencia soviética. De ese modo, en enero de 1937, el pensador comunista llegó a México y fue recibido, entre otros, por Frida Kahlo, y hospedado en la “Casa Azul” donde vivía el matrimonio de pintores.

Se dice que Frida y Trotski tuvieron un discreto romance, posiblemente en venganza por la aventura de Rivera con Cristina, hermana de la pintora. En todo caso, la pareja decidió divorciarse en 1939 y Frida regresó temporalmente a su casa en Coyoacán. Ese mismo año se produjo una ruptura política entre Trotski y Rivera, debido a discrepancias respecto a la política local. 

En 1940, Trotski abandonó la “Casa Azul” y adquirió su propio domicilio en la calle de Viena, en Coyoacán. Después de sobrevivir a dos atentados en su contra, fue asesinado por un agente soviético infiltrado.

Poco después, Frida y Diego volvieron a casarse, en diciembre de 1940. No volvieron a separarse hasta la muerte de Frida.

La muerte de Frida

Durante los años siguientes, Rivera pareció centrarse de nuevo en la pintura. En 1943 fue designado presidente del Colegio Nacional y, más adelante, miembro de la comisión de Pintura Mural del Instituto Nacional de Bellas Artes, junto con Orozco y Siqueiros. Durante esos años pintó algunos de sus más importantes murales: 

  • Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1946), en el recién inaugurado Hotel del Prado de Ciudad de México. 
  • El agua, origen de la vida (1951), obra subacuática en el Cárcamo de Dolores, el depósito de agua en que finaliza el acueducto que lleva el agua del río Lerma hasta la capital de México.
  • La Universidad, la familia mexicana, la paz y la juventud deportista (1952), en el Estadio Olímpico Universitario.
  • El mural en el Teatro de los Insurgentes (1953), que representa la historia del teatro de México, en la Ciudad de México.

También ilustró en 1950, junto a Siqueiros, la edición mexicana de Canto general, célebre poemario del chileno Pablo Neruda (1904-1973). Esto último le mereció el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México. 

En esa época, sin embargo, la salud de Frida comenzó a flaquear. En 1950 fue hospitalizada durante casi un año y en 1953 tuvieron que amputarle una pierna. Al año siguiente fue hospitalizada de nuevo, en las dos ocasiones en que intentó suicidarse, y finalmente murió en Coyoacán el 13 de julio de 1954. Rivera relató el episodio en su diario de la siguiente manera:

“Me quedé junto a su cama hasta las dos y media de la mañana. A las cuatro se quejó de un severo malestar. Cuando un médico llegó, al amanecer, descubrió que había muerto poco antes. Cuando entré a su cuarto para verla, su rostro estaba tranquilo y parecía más bello que nunca. La noche anterior me había dado un anillo, que me había comprado como regalo de nuestro vigesimoquinto aniversario, para el que faltaban diecisiete días. Le pregunté por qué. Me contestó: ‘Porque siento que te voy a dejar dentro de poco’. A pesar de que sabía que iba a morir, ha de haber luchado por la vida. De otra forma, ¿por qué se vio obligada la muerte a sorprenderla quitándole el aliento mientras dormía?”

Tomado de Frida íntima (2019) de Isolda P. Kahlo.

Tras la muerte de Frida, Rivera retomó Epopeya del pueblo mexicano, conjunto de murales del Palacio Nacional de México, en los que trabajó durante 22 años. En una porción incluyó la figura de Frida y también la de su hermana Cristina. Esta obra monumental, sin embargo, quedó inconclusa tras la muerte de Rivera.

Los últimos años de Diego Rivera

Epopeya del pueblo mexicano es una de las mayores obras de Rivera, que quedó inconclusa tras su muerte en 1957.

En 1955, Diego Rivera se casó con su última esposa, Emma Hurtado. Ese año fue diagnosticado con cáncer y volvió a la Unión Soviética, donde fue intervenido quirúrgicamente. 

Aunque se le indicó reposo, Rivera dedicó sus últimos años a la fundación y dotación del museo Anahuacalli, al que donó las casi 60 mil piezas de arte prehispánico que poseía. También se dedicó a escribir su autobiografía, Mi arte, mi vida, que se publicó póstumamente (1960).

Rivera falleció el 24 de noviembre de 1957, en su estudio de la ciudad de México, lugar donde años después se inauguró el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo. Los restos del pintor fueron velados multitudinariamente y depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México.  
Sus obras son consideradas como un legado emblemático de la Revolución mexicana y un punto cumbre del arte pictórico latinoamericano. Muchas de ellas forman parte de las más importantes colecciones privadas de arte de América Latina. Su vida, y en especial su vida amorosa con Frida Kahlo, han sido objeto de interpretaciones y versiones literarias, teatrales y cinematográficas. Se conserva, también, su correspondencia con Frida entre 1940 y 1953.

Entre las obras murales más célebres de Diego Rivera se encuentran:

  • La creación (1922)
  • El hombre en la encrucijada (1934)
  • El cargador de flores (1935)
  • Unidad panamericana (1940)
  • Desnudo con alcatraces (1944)
  • Sueño de una tarde en la Alameda Central (1947)
  • Epopeya del pueblo mexicano (inconclusa)

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Referencias

  • Azuela de la Cueva, A. (2008). “Diego y Frida. La invención de una imagen”.  Congreso Internacional Imagen y Apariencia de la Universidad de Murcia. 
  • Banco de México. (s. f.). Diego Rivera (1886-1957). https://www.banxico.org.mx/ 
  • Kahlo, I. (2019). Frida íntima. Ediciones y Distribuciones Dipon Ltda.
  • Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. (2014). Diego Rivera. https://www.malba.org.ar/ 
  • Poniatowska, E. (2007). “Primera entrevista a Diego Rivera”. La jornada. Domingo 2 de diciembre. https://www.jornada.com.mx/ 
  • The Encyclopaedia Britannica. (2023). Diego Rivera (Mexican painter). https://www.britannica.com/ 
  • Souter, G. (2018). Diego Rivera - Su arte y sus pasiones. Parkstone International.

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"Diego Rivera". Autor: Gilberto Farías. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/diego-rivera/. Última edición: 9 enero, 2024. Consultado: 7 junio, 2024.

Sobre el autor

Autor: Gilberto Farías

Licenciado en Letras (Universidad Central de Venezuela)

Fecha de actualización: 9 enero, 2024
Fecha de publicación: 30 noviembre, 2023

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