Antonio Machado

Te explicamos quién fue Antonio Machado, cuáles fueron sus principales obras poéticas y cómo fue su vida en el exilio durante la Guerra Civil Española.

Antonio Machado
Antonio Machado fue el representante más joven de la célebre generación del 98.

¿Quién fue Antonio Machado?

Antonio Machado fue un poeta y dramaturgo español, perteneciente a la generación del 98. Es considerado como uno de los máximos exponentes literarios de la España de la Guerra Civil (1936-1939). Su obra suscribe las tendencias modernistas y luego simbolistas que dominaron la literatura europea durante la primera mitad del siglo XX, y se caracteriza por una profunda contemplación de la existencia humana.

Así como otros escritores e intelectuales de renombre, Machado se formó en la Institución Libre de Enseñanza (1876-1939), una importante institución pedagógica de corte krausista, a la que puso fin la victoria del franquismo. Militante republicano, abandonó España tras la Guerra Civil y vivió el resto de su vida en el exilio.

Machado fue un poeta celebrado y apreciado en diferentes países hispanoamericanos. Su obra poética abarca también la de sus dos heterónimos: Juan de Mairena (1865-1909) y Abel Martín (1840-1898).

Nacimiento y juventud de Antonio Machado

Antonio Machado
Antonio Machado nació en el seno de una familia de intelectuales españoles.

Antonio Cipriano José María Machado Ruiz nació el 26 de julio de 1875 en Sevilla, España. Sus padres fueron Ana Ruiz Hernández y el también escritor, abogado, antropólogo y folclorista Antonio Machado Álvarez (1846-1893). Antonio fue el segundo de sus ocho hijos, nacido apenas once meses después de su hermano Manuel Machado (1874-1947), quien también se dedicó a la poesía.

A pesar de que administraban una tienda de confitería, la familia de Machado estuvo siempre vinculada a la intelectualidad y la literatura. Su abuelo paterno, Antonio Machado Núñez (1815-1896), era naturalista, médico y catedrático. Su padre era un estudioso del folclore, director de la sección de literatura popular en el Ateneo de Sevilla y autor, bajo el seudónimo “Demófilo”, de un libro titulado Colección de cantes flamencos (1881).

Según recuerda en su poesía, la infancia de Antonio estuvo marcada por patios sevillanos y en constante compañía de su hermano Manuel. Los dos asistieron al parvulario de Antonio Sánchez Morales, hasta que en 1883, el abuelo paterno fue contratado en la Universidad Central de Madrid y toda la familia se mudó a la capital.

En Madrid, Antonio y Manuel ingresaron a la Institución Libre de Enseñanza, donde tuvieron importantes profesores, como Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), Joaquín Costa (1846-1911) y Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935). Antonio finalizó sus estudios primarios en 1889 y, luego de una breve estancia en París, ingresó al Instituto Cardenal Cisneros para estudiar el bachillerato.

En 1892, las finanzas de la familia se hallaban en crisis y el padre de Antonio aceptó una oferta de empleo como abogado en San Juan de Puerto Rico. Un año después, empobrecido y enfermo, regresó a España y fue atendido en la casa de sus suegros, en Sevilla, donde falleció con apenas 47 años.

La pérdida paterna se vio acompañada, en 1896, por la muerte del abuelo paterno, cuando Antonio tenía 21 años. La familia quedó sumergida en una fuerte crisis económica.

El debut artístico de Antonio Machado

A sus 21 años, Antonio frecuentó la bohemia española y, entre cafés, tertulias y tablaos, descubrió su fascinación por el teatro. Ingresó como figurante en la compañía teatral dirigida por los actores María Guerrero (1867-1928) y Fernando Díaz de Mendoza y Aguado (1862-1930), en la que estuvo durante un par de años.

En ese tiempo, Antoniocolaboró también con algunos proyectos editoriales locales, y a mediados de 1899, decidió seguir los pasos de su hermano Manuel y marcharse a París. Allí consiguió empleo en la editorial Garnier y tuvo su primer encuentro con la obra poética de Paul Verlaine (1844-1896), Oscar Wilde (1854-1900) y Jean Moréas (1856-1910). A los últimos dos tuvo oportunidad de conocerlos, así como a los españoles Pío Baroja (1872-1956) y Enrique Gómez Carrillo (1873-1927).

Antonio regresó a Madrid ese mismo año, llevando consigo el germen de la poesía modernista. Su compromiso con ese movimiento poético se afianzó aún más en la capital española, tras conocer a Rubén Darío (1867-1916) y trabar una importante amistad con Juan Ramón Jiménez (1881-1958).

En 1902, los hermanos Machado volvieron a viajar brevemente a París y, en agosto, regresaron a España. Ese año, Antonio entregó a la imprenta su primer poemario, titulado Soledades. Muchos de sus poemas ya habían aparecido en publicaciones como Electra y Revista Ibérica, y en 1903 lo hicieron también en Helios, Blanco y Negro y Alma Española, entre otras.

En ese entonces, Machado ya formaba parte de la vanguardia literaria española, lo que más adelante se conoció como la generación del 98. Incluso tuvo trato con Miguel de Unamuno (1864-1936), a quien consideraba su maestro. Además, en 1905, estuvo entre los escritores que protestaron por la entrega del Premio Nobel de Literatura a José Echegaray (1832-1916).

En 1906, Machado ganó las oposiciones para profesor de Francés y al año siguiente publicó su segundo poemario, una versión expandida del primero que tituló Soledades. Galerías. Otros poemas. Poco después, el poeta partió hacia el poblado de Soria, en el noreste de España, donde obtuvo una plaza como profesor de Francés.

La vida en Soria y el matrimonio

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Antonio Machado se casó con la joven Leonor Izquierdo Cuevas en 1909.

Cinco años vivió Machado en Soria, años que más adelante no dudaría en tildar como los más felices de su existencia. A pesar de tratarse de un poblado de apenas 7.000 habitantes en ese momento, el poeta se compenetró de inmediato con “lo esencial castellano” (así lo expresó años más tarde) que solo allí pudo conocer.

Al poco tiempo de llegar, conoció a Leonor Izquierdo Cuevas (1894-1912) y se casó con ella en 1909, cuando la joven cumplió los 15 años. Machado tenía 34, y su matrimonio dio mucho que hablar en un pueblo tan pequeño. La pareja, sin embargo, convivió con armonía y entusiasmo durante los tres años que duró su matrimonio.

En esta etapa, Machado se dio a la tarea de conocer los paisajes sorianos, que pronto hicieron aparición en sus poemas. Varios de ellos se publicaron en la revista La Lectura e integraron más tarde su siguiente libro: Campos de Castilla (1912). Las últimas partes de este poemario fueron escritas en Europa.

Pronto vinieron nuevas oportunidades: en noviembre de 1910, Machado fue nombrado miembro de número de la Academia de la Poesía Española y, en diciembre del mismo año, se le concedió una beca para continuar estudios de filosofía francesa en la Universidad de París. Por esta razón, en enero de 1911, Machado y su esposa emprendieron el viaje a la capital francesa.

Seis meses después, sin embargo, Leonor mostró los primeros signos de una tuberculosis avanzada. Fue internada en un hospital y posteriormente enviada de regreso a España. De vuelta en Soria, Machado se dedicó a cuidar de su mujer durante trece meses, en medio de los cuales aparecieron los primeros ejemplares de Campos de Castilla, su poemario más conocido.

Antonio Machado
Campos de Castilla es uno de los poemarios más famosos de Machado.

En esta nueva obra, Machado abandonó la poesía intimista y se dedicó a la contemplación del paisaje español, como escenario en el que se manifestaban recuerdos y evocaciones. Su mirada sobre las planicies castellanas era, sin embargo, sombría y descarnada, lo cual evidenciaba un Machado distinto, “misterioso y silencioso”, según su amigo Rubén Darío.

Campos de Castilla fue muy bien acogido por la prensa europea y latinoamericana, y fue considerado como la obra cumbre del autor hasta ese momento. Machado, sin embargo, no tuvo tiempo para celebraciones: el 1 de agosto, su querida Leonor falleció y el poeta abandonó Soria ocho días después de su sepelio.

El duelo de Antonio Machado en Baeza

Aunque el plan de Machado era volver a Madrid, no había plazas docentes disponibles, por lo que acabó aceptando un cargo de profesor de Francés en el Instituto de Baeza, una ciudad del sur de España. Allí vivió durante los siete años siguientes, apartado de la vida social, excepto por sus frecuentes viajes a Madrid, donde frecuentaba a sus amigos y su familia.

Durante su encierro, Machado estudió la lengua griega, leyó a los grandes filósofos occidentales y cursó por cuenta propia el doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, donde figuraba como “alumno libre”. También comenzó la escritura de Los complementarios (1957), un conjunto de apuntes y composiciones que se publicaron póstumamente.

En 1916, Machado ascendió a vicerrector del Instituto de Baeza, donde conoció a un joven poeta andaluz con el que trabó amistad: Federico García Lorca (1898-1936). Ese mismo año, falleció Rubén Darío, lo cual tuvo un impacto importante en sus ánimos y lo motivó a escribir su conocido poema “A la muerte de Rubén Darío”. Allí se lee: “Rubén Darío ha muerto en su tierra de Oro, / esta nueva nos vino atravesando el mar. / Pongamos, españoles, en un severo mármol / su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más...”.

En 1917, apareció la primera edición de sus Poesías completas. Dos años después, deseoso de cambiar de aires, Machado obtuvo una plaza docente en Segovia, mucho más cerca ya de Madrid.

Segovia y “Guiomar”

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En Segovia, Machado frecuentó la Tertulia de San Gregorio junto a otros artistas y pensadores.

Machado ingresó al Instituto General y Técnico de Segovia como profesor de Francés, cargo que desempeñó hasta 1932, y llegó incluso a ocupar el cargo de vicedirector. También estuvo entre los fundadores de la Universidad Popular Segoviana y colaboró, junto con su hermano Manuel, en diversos proyectos dramatúrgicos para reflotar distintas comedias del Siglo de Oro.

Además, entre 1921 y 1927, fue asiduo de la Tertulia de San Gregorio, donde se dieron cita diferentes artistas e intelectuales españoles como el escultor Emiliano Barral (1896-1936), el poeta Juan José Llovet (1895-1940), el dramaturgo Alfredo Marqueríe (1907-1974) y el pintor Cristóbal Ruiz Pulido (1881-1962), entre otros. De esta agrupación surgieron el semanario Segovia y la revista Manantial, ambos con colaboraciones frecuentes de Machado.

Durante esos años, Machado se comprometió más abiertamente con la causa civil y democrática. No solo firmó junto a sus contertulios el manifiesto de la Liga Española para la Defensa de los Derechos del Hombre (1922), sino que, después del golpe de Estado que instauró en 1923 la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), se adhirió al manifiesto de Alianza Republicana en 1926.

En 1927, Machado fue elegido miembro de la Real Academia Española, aunque nunca tomó posesión de su sillón.

Al año siguiente, el amor volvió a tocar a su puerta, pues conoció a la poeta y dramaturga Pilar de Valderrama (1889-1979), con quien sostuvo una relación platónica y clandestina, dado que ella era casada.

Durante sus ocho años de relación, Machado y Valderrama se escribieron abundantes cartas y se citaron semanalmente en Segovia y en Madrid, aunque nunca llegaron a consumar del todo sus amores. El poeta le dedicó sus versos publicados en Revista de Occidente bajo el seudónimo de “Guiomar”, pero no reveló la relación ni a sus amigos ni a sus familiares. El amorío llegó a su fin cuando Valderrama se exilió en Portugal en 1936, justo antes del inicio de la Guerra Civil Española.

En 1931, cuando cayó la dictadura y se proclamó la Segunda República Española, Machado estaba todavía en Segovia. El 14 de abril, fue uno de los encargados de izar la bandera republicana en el balcón del ayuntamiento. Ese mismo año, el nuevo gobierno le concedió una cátedra de Francés en Madrid.

El estallido de la guerra y el exilio de Antonio Machado

Antonio Machado
Cuando la Guerra Civil estalló, Machado se hallaba en Madrid junto a su madre y su hermano.

En 1932, Machado se encontraba ya en Madrid, en compañía de su madre y su hermano Manuel, con quien continuó sus colaboraciones teatrales. Aunque escribió mucha menos poesía en esta época, se dedicó de lleno a crear la obra de sus dos heterónimos: Juan de Mairena y Abel Martín.

¿Qué es un heterónimo?
Un heterónimo es un personaje ficticio al que un poeta atribuye parte de su obra. A diferencia de los seudónimos, que son nombres falsos o apodos artísticos, los heterónimos son individuos autónomos dotados de una personalidad y una biografía propias, distintas a las del autor verdadero, entendido a estos efectos como ortónimo.

En lugar de heterónimos, Machado prefirió hablar de “poetas apócrifos” para referirse a estos dos supuestos escritores españoles:

  • Juan de Mairena (1865-1909). Nacido en Sevilla y fallecido en Casariego de Tapia, se trata de un profesor de gimnasia y retórica, supuestamente biografiado por Machado, quien lo describe como poeta, filósofo e inventor de una máquina de cantar. Se supone que fue discípulo de Abel Martín, de quien fue a su vez biógrafo. Además, fue autor de ensayos y de un poemario titulado Coplas mecánicas.
  • Abel Martín (1840-1898). Nacido en Sevilla y fallecido en Casariego de Tapia, al igual que su discípulo, “Abel-Sócrates” fue un supuesto poeta y filósofo cuya biografía se conocería gracias a Juan de Mairena. Junto a este último, Martín se dispuso a fundar una Escuela Popular de Sabiduría Superior en Sevilla, donde impartiría la cátedra de Metafísica (y Mairena, la de Sofística). Además, fue autor de una obra poética sumamente variada y dispersa.

En 1935, Machado ingresó al Instituto Cervantes. Al año siguiente, se produjo el golpe de Estado que inició la Guerra Civil Española. Junto a otros intelectuales y artistas, Machado fue evacuado a regañadientes de Madrid y trasladado a Valencia. Allí estuvo, junto con su familia, hasta 1938, cuando fueron trasladados a Barcelona.

Durante la guerra, Machado escribió sin parar en diarios y revistas republicanas como El Sol, Madrid y Cuadernos de la Casa de la Cultura, exponiendo la violencia de los golpistas y los horrores de la guerra. Asimismo, asistió al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en julio de 1937.

Ese mismo año, apareció La guerra, su último libro publicado en vida, donde se reúnen cuatro textos en prosa y tres poemas alusivos al conflicto español. Se trata de un libro lúgubre y adolorido, en el que se destaca la pieza “El crimen fue en Granada”, elegía a Federico García Lorca, asesinado por las fuerzas franquistas el año anterior.

Finalmente, a comienzos de 1939, se hizo evidente que la guerra estaba perdida. Rodeados por el franquismo, Machado, sus amigos y su familia abandonaron Barcelona para dirigirse al exilio en Francia. Jamás regresaron a España.

Muerte y legado de Antonio Machado

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Antonio Machado abandonó España en 1939 y falleció en el exilio.

El viaje de Machado hacia Francia fue dificultoso. Su primer destino fue la estación ferroviaria de Cerbère, donde el grupo de casi cuarenta personas con el que huía debió dormir prácticamente a la intemperie, a la espera de las negociaciones para obtener refugio. Finalmente, el 28 de enero, lograron trasladarse hasta Collioure, en los Pirineos occidentales, donde se refugiaron en el Hotel Bougnol-Quintana y aguardaron por ayuda.

A inicios del mes siguiente, su situación no había cambiado. Estaba exhausto y mostraba señales de una enfermedad respiratoria, por lo que casi no abandonaba su habitación. El 22 de febrero de 1939, Antonio Machado falleció víctima de una neumonía, complicada por el cuadro de enfisema que le habían causado años de fumador. Al día siguiente, fue sepultado en el cementerio marino de Collioure, su féretro envuelto en la bandera republicana.

Tras la muerte en Francia, el nombre de Machado fue repudiado por las nuevas autoridades del régimen franquista y acusado de actitudes “indiscutiblemente censurables, por antipatrióticas y contrarias al Movimiento Nacional”, de acuerdo a un comunicado publicado el 27 de noviembre de 1936 en el diario El Adelantado de Segovia, sus antiguos colegas del Instituto de Segovia. Recién en 1981, se suspendió su desvinculación de las instituciones culturales a las que dedicó varios años de vida y su nombre fue rehabilitado por el gobierno democrático.

A pesar de ello, parte de su obra literaria fue publicada póstumamente y no ha dejado de leerse, editarse y traducirse desde entonces. Algunos de sus versos han sido fuente de inspiración de obras artísticas y de canciones, como el célebre “Caminante no hay camino”, musicalizado por el intérprete catalán Joan Manuel Serrat (1943-).

En la actualidad, Antonio Machado es considerado como el poeta más insigne de la generación del 98 y un nombre fundamental de la cultura literaria en lengua castellana. Además, constituye un ícono de la lucha republicana española durante el siglo XX.

Algunas de las principales obras de Antonio Machado son:

  • Soledades. Galerías. Otros poemas (1907)
  • Campos de Castilla (1912)
  • Nuevas canciones (1924)
  • La tierra de Alvargonzález (1933)
  • Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo (1936)
  • La guerra (1936-1937) (1937)

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Referencias

  • Galán, P. (2013). Antonio Machado. Biografía poética de una soledad. Editorial Club Universitario.
  • Núñez Encabo, M. (2018). Antonio Machado y Ruiz. Real Academia de la Historia. https://dbe.rah.es/
  • Prieto de Paula, A. (s. f.). Biografía de Antonio Machado. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/
  • The Editors of Encyclopaedia Britannica. (2023). Antonio Machado. Spanish author. The Encyclopaedia Britannica. https://www.britannica.com/

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"Antonio Machado". Autor: Gilberto Farías. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/antonio-machado/. Última edición: 11 abril, 2024. Consultado: 27 mayo, 2024.

Sobre el autor

Autor: Gilberto Farías

Licenciado en Letras (Universidad Central de Venezuela)

Fecha de actualización: 11 abril, 2024
Fecha de publicación: 7 abril, 2024

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