Virtudes

Te explicamos que son las virtudes y cómo las definieron los principales filósofos griegos. Además, las virtudes según el cristianismo y la filosofía contemporánea.

La biblioteca de Éfeso tiene una escultura dedicada a la virtud llamada Areté.

¿Qué son las virtudes?

Las virtudes son disposiciones morales orientadas a obrar acorde al bien. Por su carácter habitual, son consideradas cualidades de la voluntad entendidas como una disposición o capacidad adquirida.

La ética es la rama de la filosofía que estudia las virtudes. Distintos filósofos, a lo largo de la historia del pensamiento occidental, trabajaron la idea de virtud. Pensadores como Platón, Aristóteles, Santo Tomás o, en la filosofía contemporánea, Alasdair MacIntyre, elaboraron distintas teorías de la virtud.

Como objeto de estudio de la ética, las virtudes son consideradas acciones del ámbito de la moral, es decir, de la práctica humana. Su relación con la idea de bien varía según a qué proyecto ideal responda la misma idea de bien, ya sea la verdad, la justicia, la belleza o el bien en sí mismo.

Puntos clave

  • Las virtudes son acciones morales del ser humano, que son adquiridas o aprendidas a través de las creencias y la cultura.
  • La idea de virtud se relaciona con la excelencia o la perfección de las personas.
  • Una virtud determinada puede ser considerada una acción de bien para una sociedad o una acción de mal para otra sociedad.

Ver además: Ética

Etimología de la palabra “virtud”

La palabra “virtud” deriva del latín virtus, que significa poder, fuerza o potencialidad. Esto se debe a que virtus contiene la partícula vis, que significa “fuerza” o “energía”, así como cierta relación con vir, que se traduce como “varón” y se relaciona a la integridad y la plenitud.

Por su parte, virtus suele ser considerado como el equivalente latino al griego areté (ἀρετή), concepto crucial de la antigüedad griega. Areté procede del comparativo del adjetivo agathós, que significa bueno y tiene su raíz en aga, que significa “lo mejor”. La traducción más habitual de la palabra areté es “excelencia”. 

De esta traducción se origina la idea de que la virtud, en el sentido de areté, es una excelencia moral o ética. La lectura de la obra de Aristóteles fue la que fomentó esta idea de areté.

Las virtudes en el mundo griego

En el mundo griego las virtudes se relacionaban a la idea de areté, que significa “excelencia o perfección de las cosas o las personas”. Homero y Hesíodo, poetas griegos tradicionales, hablaron de la areté como elemento ligado al combate y a la gloria militar. 

Con el paso del tiempo, la excelencia pasó a otros ámbitos no relacionados, como el combate. Así, un ciudadano podía poseer areté si era experto en su actividad principal. También los sofistas eran maestros de la areté del discurso, tal como muestra Platón en el Menón. Esto se debió a que, en realidad, en los textos de Homero podía aparecer la excelencia de cualquier clase, ya fuera la areté de los pies de un corredor o la areté del ejercicio de un hijo respecto al ejercicio de su padre.

Platón y Aristóteles fueron quienes profundizaron en la cuestión de las virtudes. En la República, Platón sostuvo que había tres virtudes fundamentales: la prudencia, la fortaleza y la templanza. Para Aristóteles, en cambio, la virtud era un estado del alma distinto a las pasiones y distinto a las facultades, que se debía alcanzar por medio de la ética, de la práctica moral.

La virtud según Platón

Platón trabajó la idea de virtud en distintos diálogos. Algunos de ellos son el Protágoras, donde se plantea la cuestión de que la virtud sea o no sea conocimiento, el Menón, que trata de explicar qué es la virtud, y el Eutidemo, que busca definir al conocimiento ético. 

El más importante de sus diálogos, y quizás el más famoso en relación a la virtud, es el Menón. Allí Platón se pregunta qué es la virtud y si es o no enseñable. Al preguntarse cómo los hombres políticos reciben la virtud, considera que hay dos vías: el conocimiento y la opinión verdadera, que es algo similar a una gracia o un don divino. Sin embargo, considera que la virtud no se enseña ni se aprende, sino que es un don exclusivo e intransferible.

La intransferencia de la virtud, en el caso de Platón, se da porque nadie puede, por opinión, “dar razón” de la virtud. Solo aquellos que conocen las causas de las cosas (los filósofos) pueden dar razón de las cosas mismas. De ese modo, la única forma de enseñar la virtud sería volver su carácter de don o gracia a un carácter de conocimiento. De hecho, ese será, luego, el objetivo de la Academia de Platón.

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La virtud según Aristóteles

Aristóteles fue el primero en desarrollar de manera sistemática la cuestión de las virtudes. En Ética para Nicómaco, desarrolló una teoría fundamental sobre la virtud, conjugando naturaleza, hábito y razón. 

En su exposición, el filósofo distinguió entre dos clases de virtudes, que responden a la idea de hábito: la virtud moral y la virtud intelectual. Esto se debe a que las personas dignas de admiración son no solo las justos sino también las personas inteligentes y sabias. De esta manera, las virtudes intelectuales van acompañadas por la razón, mientras que las virtudes morales están hechas para obedecer a aquellas que dictamina la razón. 

  • Virtudes intelectuales o racionales. Resultan del ejercicio de las facultades intelectuales y es el conjunto de virtudes primordiales que permiten al hombre elevarse de lo sensible a lo racional. Ellas son: la sabiduría, la inteligencia y la prudencia.
  • Virtudes morales o de carácter. Resultan del ejercicio del dominio del alma intelectiva sobre el alma apetitiva y perfeccionan el carácter del modo de ser y de comportarse. Ellas son: la valentía, el dominio de sí, la magnanimidad, la grandeza del alma, la mansedumbre, la veracidad, la cortesía, la amistad y la justicia, entre otras.

Tanto las virtudes intelectuales como las virtudes morales responden también a la idea de naturaleza y la idea de finalidad. Para Aristóteles, la virtud de un ente cualquiera poseía una directa relación con su naturaleza.

Las virtudes en el mundo cristiano

Las virtudes griegas, tal como las entendieron Platón y Aristóteles, fueron incorporadas al mundo cristiano con algunos cambios. Así, las virtudes que aparecen en la República, prudencia, fortaleza, templanza y justicia, se sumaron a una lista elaborada por San Ambrosio en las que se encontraban las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. 

Las virtudes teologales tienen por objeto a Dios, ya que provienen de la gracia divina. El cristianismo distingue entre las virtudes naturales y las virtudes teologales. Esto es así porque en el centro de la religión del Nuevo Testamento está el concepto de amor a quienes pecan. Esto permitió incluir a la caridad como una de las virtudes fundamentales, considerada la más importante de las virtudes teologales, ya que aparece en la práctica del perdón, ejercicio central de la ética cristiana.

Las virtudes en la filosofía contemporánea

Uno de los filósofos contemporáneos que más ha trabajado en la cuestión de las virtudes es Alasdair MacIntyre, pensador escoces nacido en 1929. Es principalmente conocido por sus trabajos y aportes a la filosofía moral, en especial por su obra de 1981, Tras la virtud, la cual recupera la concepción aristotélica de virtud.

MacIntyre ofrece tres definiciones tentativas de virtud. Estas son:

  • Primera: la virtud como una cualidad humana adquirida cuya posesión y ejercicio nos permiten alcanzar bienes internos.
  • Segunda: la virtud debe entenderse como una disposición que nos permite alcanzar dichos bienes y, sobre todo, habilitar la búsqueda del bien.
  • Tercera: la virtud influye en todos los ámbitos de la vida del individuo, ya que es necesaria para distinguir, valorar y realizar los bienes internos a las prácticas que apuntan al florecimiento humano.

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Referencias

  • Platón (2007). Menón. En Diálogos II (trad. J. Calonge Ruiz, E. Acosta Méndez, F. J. Oliveri y J. L. Calvo). Barcelona: Gredos.
  • Romero, F. T. (1998). Ética y política en Platón: la función de la virtud (I). Espíritu: cuadernos del Instituto Filosófico de Balmesiana, 47(118), 243-267.
  • Castelló, S. F. (Ed.). (1993). Ética a Nicómaco (Vol. 9). Universitat de València.
  • Camps, V. (Ed.). (1992). Historia de la ética. Crítica.
  • MacIntyre, A. (1987). Tras la virtud (p. 95). Barcelona: Crítica.
  • Borisonik, H. (2011). Ergón y areté en la filosofía política de Aristóteles. Problemata: Revista Internacional de Filosofía, 2(2), 99-114.

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"Virtudes". Autor: Juan Pablo Segundo Espínola. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/virtudes/. Última edición: 7 marzo, 2024. Consultado: 7 junio, 2024.

Sobre el autor

Autor: Juan Pablo Segundo Espínola

Licenciado en Filosofía (Universidad de Buenos Aires)

Fecha de actualización: 7 marzo, 2024
Fecha de publicación: 20 febrero, 2023

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