Felicidad

Te explicamos qué es la felicidad para la filosofía y sus interrogantes. Además, qué significó para los principales pensadores de la Antigua Grecia y para las religiones.

La felicidad es un estado de ánimo y uno de los principales propósitos en la vida del ser humano.

¿Qué es la felicidad?

La felicidad es un concepto filosófico que se investiga desde distintas ramas de la disciplina, como la política, la teología, y, especialmente, la ética. Debido a su carácter subjetivo y al hecho de estar condicionada por la época en la que se la piensa, la felicidad es un concepto difícil de definir

A pesar de la dificultad para dar con una definición unánime de la felicidad, existen distintos rasgos que estas definiciones comparten. En general, la felicidad está ligada a una idea de apreciación personal cuyo carácter subjetivo varía según la condición social, la edad, el grado de cultura y la propia realización social. El ideal de felicidad de cada persona parte de su subjetividad, y es también el resultado de una construcción cultural y social. 

La pregunta sobre qué es la felicidad es la pregunta por la posibilidad de la felicidad misma: quienes se preguntan por ella la suponen, pero para encontrarla (si eso es posible), deben saber qué es. Mientras algunos autores consideran que la felicidad es un bien, otros sostienen que es un sentimiento, una emoción, un estado mental e incluso una disposición anímica del cuerpo.

A lo largo de la historia de la filosofía, muchos autores trabajaron la idea de felicidad. Desde la antigua Grecia al mundo contemporáneo, pensadores como Platón, Aristóteles, Epicuro, San Agustín, Spinoza o Bertrand Russel han escrito al respecto. Incluso otras ciencias, como la sociología o la psicología, trabajan al respecto, bajo sus propias metodologías.

Puntos clave

  • La felicidad para la filosofía es una idea abierta que se relaciona con la apreciación personal.
  • El ideal de felicidad de cada persona es subjetivo, varía según la condición social y es el resultado de una construcción cultural y social.
  • Existen diversas concepciones de la filosofía que la consideran como un bien o como un sentimiento. Sin embargo, casi todas concluyen en que es el fin último del ser humano.

La felicidad en el mundo griego

Muchos filósofos griegos reflexionaron sobre la felicidad. Platón, por ejemplo, en su diálogo Filebo, se pregunta en qué consiste la felicidad. Mientras que uno de sus personajes responde que es el placer, otro de ellos dice que la felicidad es la sabiduría. Como en todos los diálogos de Platón, la cuestión termina sin resolverse, aunque, es cierto, se sugiere la idea de que la felicidad es una combinación balanceada entre el placer y la sabiduría.

Otras escuelas filosóficas también buscaron una idea de la felicidad. El epicureísmo, por ejemplo, entendió a la felicidad como una autosuficiencia basada en la idea de un placer moderado. El estoicismo, en cambio, sostuvo a la felicidad como una forma de fortaleza individual, apoyada en la aceptación de una existencia determinada.

Aristóteles, discípulo de Platón, afirma en su Ética para Nicómaco que es feliz quien vive y obra bien, ya que la felicidad es una vida de conducta recta y dichosa. Aristóteles sostiene que el hombre es un compuesto de cuerpo y alma. De esto se desprende que la felicidad es un bien entre muchos, ya que el ser humano no es una única cosa. Como bien, existen dos formas de felicidad: la solitaria, que es la eterna, y la referida al hombre cotidiano, que consiste en la suma de todos los bienes. Quien alcanza la virtud es quien posee todos los bienes y, así, la felicidad.

La felicidad como “eudaimonía” aristotélica

La “eudaimonía” es un término utilizado por Aristóteles, que generalmente se traduce como “felicidad”. Sin embargo, en los trabajos del filósofo se utiliza a la eudaimonia como sinónimo de “buena fortuna”. Quien recibe el adjetivo de “eudaímon” es quien está bajo la asistencia de alguna divinidad (en griego “daímon”). 

Si bien Platón fue quien tradujo por primera vez el término para hablar de la buena vida, Aristóteles la colocó en el ámbito de la moralidad, al afirmar que la eudaimonía es la vida buena, desde la perpectiva moral. Para él, no hay vida feliz (“eudaímon”) sin virtud (“areté”). 

A la vez, la eudaimonía tiene que ver con la permanencia y la estabilidad, ya que es un estado que se caracteriza por ser un sentimiento opuesto a lo transitorio.

Siguiendo a Aristóteles, la felicidad, como eudaimonía, es el bien último o supremo al que se aspira. Este bien supremo comparte las siguientes características:

  • La eudaimonía es el fin último, y para él se hacen todas las cosas.
  • La eudamonía como fin último tiene que ser completa.
  • La eudaimonía como bien completo tiene que ser autosuficiente.
  • La eudaimonía como autosuficiente no puede incrementarse por adición de otros bienes.

La felicidad como “eudaimonía” epicúrea

Como Aristóteles, también Epicuro habló de la felicidad como eudaimonía en el sentido de una vida plena. Sin embargo, la filosofía de Epicuro es hedonista, es decir, sostiene que el placer es el único bien intrínseco al que se puede aspirar. Esto significa que las cosas son buenas si producen placer y, por otro lado, son malas si producen dolor o displacer (que es la ausencia de placer, y no necesariamente algo doloroso).

En este sentido, Epicuro sostuvo que la eudaimonía era una experiencia de placer contínua, libre de dolor y angustia. La doctrina epicúrea puede pensarse como una doctrina de la felicidad, ya que se ofrece como un remedio contra el dolor y los sufrimientos del alma y del cuerpo. 

Su objetivo es dar pautas o recomendaciones sencillas para guiar al pensamiento y a la acción hacia la felicidad como fin en sí mismo. La felicidad es, entonces, algo que se puede adquirir, pero además se lo adquiere de forma permanente: es un estado hacia el que se aspira llegar.

La felicidad en el cristianismo y San Agustín

La llegada del cristianismo supuso una reconversión de la idea de felicidad. La traducción del griego “eudaimonía” al latín derivó en lo que se conoce como “felicidad”. 

La felicidad supuso ser el fin último de la existencia humana, tal como la describió, por ejemplo, Santo Tomás en el siglo XVIII. Tomás sostuvo que la felicidad consistía en una visión beatífica de la esencia de Dios, a la que todo cristiano debería aspirar.

Una visión beatífica es una visión que, además de ser pacífica (porque da serenidad), también produce placidez. Esta serenidad y esta placidez están dadas por el componente divino involucrado en la visión. Esta es la felicidad para Santo Tomás.

Las ideas de Santo Tomás se apoyaron parcialmente en las ideas de San Agustín, también conocido como Agustín de Hipona. Las opiniones de este surgen a partir de su postura respecto a las ideas del bien y del mal. A diferencia del maniqueísmo, que sostuvo que el mal y el bien son dos entidades iguales, para Agustín, el mal era solo la ausencia del bien. Así, el mal debe su existencia al bien porque es un bien corrompido o es la falta de ese bien.

De esto se desprende que, aunque el mal no puede existir sin el bien, sí puede darse el caso de que el bien exista sin el mal. La doctrina agustina lo ejemplifica con la idea de Dios como ser supremo: único ser puro y perfecto, que es suma de todos los bienes y potestades. En la idea de Dios habita la idea de la felicidad, ya que el fin último del ser humano es aspirar al bien, y en ello consiste la vida feliz. 

San Agustín marcó un claro antecedente a un imperativo hipotético-moral: cómo actuar en toda situación. Para él, la felicidad consiste en la práctica de las virtudes, para tender la vida hacia Dios, es decir, hacia el bien absoluto. Dios es el centro de la existencia y solo en su entidad (inmutable e infinita) puede darse la felicidad como verdad, bondad y permanencia.

Esta idea de la felicidad como gozo máximo de la verdad (que considera a Dios como el equivalente a la verdad, y por lo tanto, a la felicidad), fue recogida por pensadores cristianos y filósofos posteriores a San Agustín. La inclinación a creer que solo una vida en Dios es una vida feliz se basa en la concepción de la felicidad agustina. 

Santo Tomás concilió esta concepción con la visión aristotélica de la felicidad como eudaimonía. Si para Aristóteles la felicidad era el máximo bien aspirable, Santo Tomás comulgó esta idea con la concepción agustiniana de que ese bien mismo es Dios en sí. 

La felicidad en Bertrand Russell

Bertrand Russell (1872-1970) fue un filósofo, matemático y escritor británico que ganó el Premio Nobel de la literatura en 1950. Entre los numerosos problemas filosóficos a los que dedicó su obra, podemos encontrar la pregunta por la felicidad.

Russell adoptó una idea de la felicidad a partir de un empirismo moderado. Creyendo que la felicidad no era un ideal racionalista, sostuvo que la felicidad era completamente dependiente de cada cual por sí mismo y de las circunstancias externas en las que cada cual se veía envuelto. 

La felicidad depende, según Russel, de los siguientes factores:

  • El interés amistoso por las personas y las cosas.
  • El entusiasmo por la vida.
  • El cariño hacia los demás y hacia uno mismo.
  • La familia.
  • El trabajo como medio de sustento.

Todos estos puntos conducen a la idea de que la vida feliz es la buena vida. Sin estos elementos es muy difícil alcanzar la felicidad, ya que la visión russelliana depende de todos estos factores para poder llevar una vida moderada, buena y tendiente a la felicidad.

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Referencias

  • De Landázuri, M. C. O. (2015). Vida y felicidad en la ética de Epicuro. Cuadernos salmantinos de filosofía, 42.
  • Castelló, S. F. (Ed.). (1993). Ética a Nicómaco (Vol. 9). Universitat de València.
  • Lejard, F., & Oroz, J. (1975). El tema de la felicidad en los diálogos de san Agustín. Augustinus, 20(77/78), 29-81.
  • Figueroa, A. N. M. (2022). El tránsito hacia la felicidad según Aristóteles, Epicuro, Epicteto, Sexto Empírico, San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino: Un análisis decolonial. Analéctica, 8(51), 1-20.

¿Cómo citar?

"Felicidad". Autor: Juan Pablo Segundo Espínola. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/felicidad/. Última edición: 7 marzo, 2024. Consultado: 24 abril, 2024.

Sobre el autor

Autor: Juan Pablo Segundo Espínola

Licenciado en Filosofía (Universidad de Buenos Aires)

Fecha de actualización: 7 marzo, 2024
Fecha de publicación: 9 febrero, 2023

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