Ludismo

Te explicamos qué fue el ludismo, sus ideas principales y consecuencias. Además, cuáles son sus características y por qué es tan importante.

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Los luditas rechazaban el uso de maquinarias en la industria textil.

¿Qué fue el ludismo?

El ludismo fue un movimiento de protesta de los trabajadores británicos de comienzos del siglo XIX, que se opusieron de manera violenta a las transformaciones iniciadas en el contexto de la Revolución Industrial

Los luditas rechazaban principalmente el uso de maquinarias en telares e industrias, ya que estos adelantos significaban una menor necesidad de mano de obra calificada artesanal, un aumento del desempleo y, por lo tanto, un descenso de sus salarios. 

Este movimiento recibe su nombre por Ned Ludd, un obrero del condado inglés Leicestershire. Ludd se hizo conocido por destruir máquinas de algunas fábricas en 1769. No se sabe con certeza si Ned Ludd fue una persona real o parte de una leyenda popular. 

Sin embargo, la figura inspiró a los trabajadores textiles de Nottingham. En 1811, aparecieron diversas cartas y proclamas firmadas con el nombre “Capitán Ludd” o “General Ludd” que llamaban a la revuelta violenta en contra de la industrialización.

El ludismo fue un fenómeno que duró unos pocos años. Hacia 1816, la represión de los luditas llevó a la disolución del movimiento y los trabajadores descontentos de las fábricas se volcaron a otras formas de protesta y organización obrera, como las cofradías o las hermandades

Orígenes del ludismo

Las primeras protestas de trabajadores fabriles estuvieron dirigidas contra la industrialización y la pérdida de empleos que generaba la introducción de maquinaria en las fábricas. Hacia finales del siglo XVIII, trabajadores de diferentes lugares de Inglaterra reclamaban que la mecanización de las tareas a través de las máquinas era perjudicial para la sociedad

En 1786, los obreros textiles de la ciudad de Leeds publicaron una carta conjunta denunciando que las máquinas habían dejado sin trabajo a miles de obreros. Estas quejas eran comunes y su objetivo era convencer a la opinión pública y a las autoridades de que se pusiera un límite al uso de maquinaria en las nuevas industrias. 

Sin embargo, a comienzos del siglo XIX, el desempleo aumentaba y la calidad de vida empeoraba, y los reclamos de los trabajadores empezaron a tomar formas violentas. En 1811 comenzaron a circular proclamas anónimas firmadas bajo el nombre “Capitán Ludd”, “General Ludd” o “Nedd Ludd” que amenazaban con la destrucción de las máquinas y las instalaciones de las fábricas.

Contexto histórico del ludismo

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La jornada laboral era de 16 horas y se empleaban mujeres y niños para el trabajo.

La Revolución Industrial, que comenzó a finales del siglo XVIII y se profundizó durante el XIX, tuvo un impacto profundo en la sociedad y en la calidad de vida de las clases bajas europeas. Las fábricas eran espacios enormes con pocas ventanas y casi sin ventilación. Los trabajadores pasaban todo el día frente a las máquinas que operaban obligados a mantenerse en su puesto de trabajo. 

Las jornadas de trabajo alcanzaban las 16 horas diarias y se reducían a 10 horas en los mejores casos. Solo podían interrumpirse por una pausa corta para almorzar. Además, se incorporó a las mujeres y a los niños como mano de obra en las fábricas, a los que se les pagaba con un salario menor. 

El aumento de la mecanización generaba desempleo y, por lo tanto, descendían los salarios. A su vez, las condiciones de vida de los trabajadores también empeoraban. Las viviendas de las familias de obreros tenían una o dos habitaciones, que utilizaban para dormir y para comer, y los edificios integraban viviendas de muchas familias. 

Ideas principales del ludismo

Los luditas sostenían que la introducción de maquinaria en las fábricas generaba un mayor desempleo entre los trabajadores calificados. Con la utilización de máquinas, los trabajadores no calificados podían realizar las tareas de trabajadores calificados y en mucha menor cantidad de tiempo. 

Los luditas entendían que no eran las máquinas las culpables del desempleo y el empeoramiento de su calidad de vida, sino los dueños de las fábricas que introducían estas innovaciones para mejorar la productividad. En este sentido, los luditas creían que se debía defender a la comunidad laboral y los valores del trabajo calificado. Además, sostenían que las autoridades debían imponer límites a la industrialización para que la economía nacional garantizara el bienestar de todos los grupos de la sociedad. 

Protestas del ludismo

Entre 1811 y 1816, el ludismo se expandió especialmente entre los trabajadores de tres rubros de la industria textil: los laneros Yorkshire, los tejedores manuales de Lancashire y los tejedores de encaje de Nottinghamshire. 

Entre las protestas más violentas se encuentra la de 1811, cuando los tejedores de Nottinghamshire hicieron una gran revuelta y destruyeron sesenta máquinas de tejer. En 1812, ciento cincuenta laneros luditas armados atacaron el molino de William Cartwright en Yorkshire y, en 1813, hubo otra gran ola de violencia en Lancashire. 

Todas estas manifestaciones fueron reprimidas por las fuerzas policiales y las autoridades. En 1813, dieciocho luditas fueron apresados, enjuiciados y condenados a muerte por sus acciones. Esto dio un golpe fuerte al movimiento que comenzó a organizarse cada vez más en la clandestinidad. La represión policial y la aparición de otras formas de protesta obrera llevaron a la decadencia del movimiento ludita y su desaparición hacia 1816. 

Consecuencias del ludismo

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El ludismo fue uno de los primeros movimientos de protesta de la clase obrera.

El movimiento ludita no alcanzó a generar los cambios que se proponía ni detener la incorporación de máquinas en la industria. Sin embargo, fue una de las primeras formas de organización obrera que buscaba defender los intereses y la calidad de vida de los trabajadores frente a la imposición de cada vez peores condiciones de trabajo.

Si bien los luditas fueron reprimidos, otras formas de organización obrera aparecieron en la misma época. Las viejas organizaciones gremiales de cofradías o hermandades comenzaron a agrupar a los trabajadores que se asociaban para brindarse ayuda mutua. Con el aporte voluntario de los miembros, reunían dinero para apoyarse en casos de despido, enfermedad o fallecimiento.

Por otro lado, los empresarios industriales comenzaron a alarmarse ante la organización de los trabajadores y comenzaron a formar sus propias asociaciones. Las primeras estaban destinadas a compartir información sobre los trabajadores y sus actividades. Si un trabajador era problemático para algún empresario, el resto de los miembros se comprometían a despedirlo y a no contratarlo nuevamente. 

Además, los empresarios industriales comenzaron a presionar al gobierno para que tomara medidas de protección. En 1800, el Parlamento inglés había aprobado las llamadas Combinations Acts (“leyes sobre las asociaciones”) que prohibían los reclamos colectivos de los trabajadores. 

En las décadas siguientes, las organizaciones obreras fueron reprimidas, se prohibieron sus reuniones públicas y los líderes de las asociaciones laborales fueron perseguidos. 

Los sindicatos y el cartismo

El cartismo reclamaba por los derechos políticos de la clase obrera.

Durante las primeras décadas del siglo XIX, aparecieron las primeras asociaciones sindicales modernas de trabajadores, llamadas trade unions (que en inglés significa “uniones de oficio”). Su objetivo era representar a los trabajadores afiliados y presentar los reclamos a empresarios y autoridades. 

Las trade unions eran asociaciones voluntarias pero, a diferencia de las cofradías, su objetivo no era la ayuda mutua, sino la mejora de las condiciones laborales a través del reconocimiento de los derechos básicos de los trabajadores

Como Combination Acts prohibían los reclamos colectivos, las primeras trade unions fueron ilegales. Sus principales reclamos eran la reducción de la jornada laboral, la regulación del trabajo de los niños, las mejoras salariales y el reconocimiento del derecho de asociación de los trabajadores. 

En 1824, las trade unions lograron la derogación de las Combination Acts y, por lo tanto, las asociaciones de trabajadores comenzaron a ser legales. En poco tiempo se creó una confederación, llamada la General Trade Unions, que nucleó a las diferentes asociaciones sindicales. 

En la década siguiente, un sector de las asociaciones sindicales comenzó a promover la idea de que los trabajadores tenían que empezar a formar parte del gobierno para poder ver sus intereses representados. En 1839, un movimiento presentó un documento llamado la “Carta del Pueblo” al Parlamento que estaba firmado por 1.200.000 trabajadores. Desde entonces, este movimiento político fue llamado “cartismo”. 

La Carta del Pueblo presentada al Parlamento contenía seis reclamos:

  1. Derecho al voto para todo hombre mayor de 21 años, cuerdo y sin antecedentes penales.
  2. Voto mediante papeleta electoral, para proteger al elector en el ejercicio de voto.
  3. Eliminación de los requisitos de poseer propiedades para ser miembro del Parlamento.
  4. Remuneración a los miembros del Parlamento para que se puedan dedicar a sus funciones legislativas, independientemente de su condición económica personal. 
  5. Nivelación de los distritos electorales para que exista una representación igualitaria sobre el número de electores.
  6. Renovación anual del Parlamento, para control más efectivo de los representantes. 

Si bien los reclamos fueron rechazados en sucesivas ocasiones, el cartismo fue la primera experiencia de participación política de los sindicatos y las asociaciones obreras. 

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Referencias

  • Britannica, The Editors of Encyclopaedia. (2023). Luddite. Encyclopedia Britannica  https://www.britannica.com/  
  • Stearns, P. (1994). Luddism. Encyclopedia of social history. Garland Publishing. 
  • Wilczynski, J. (1981). Luddtes. An Encyclopedic Dictionary of marxism, socialism and communism. Macmillan Reference Books.

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"Ludismo". Autor: Teresa Kiss. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/ludismo/. Última edición: 31 enero, 2024. Consultado: 17 julio, 2024.

Sobre el autor

Autor: Teresa Kiss

Profesorado de Enseñanza Media y Superior en Historia (Universidad de Buenos Aires)

Fecha de actualización: 31 enero, 2024
Fecha de publicación: 17 mayo, 2019

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