Hans Christian Andersen

Te explicamos quién fue Hans Christian Andersen, cuáles son sus relatos infantiles más populares y cómo han sobrevivido hasta nuestros días.

¿Quién fue Hans Christian Andersen?

Hans Christian Andersen fue un escritor de origen danés, conocido principalmente por sus más de doscientos relatos de literatura infantil, muchos de los cuales han sido traducidos, versionados y recreados en innumerables ocasiones y formatos. 

Fue, sin embargo, autor también de novelas, poemas y varios libros de viajes, ya que dedicó buena parte de su vida a viajar por el mundo, así como una autobiografía titulada La aventura de mi vida. Muchas de sus obras figuran entre las más traducidas de la historia de la literatura.

El genio literario de Hans Christian Andersen fue reconocido en vida: recibió distinciones del rey de Dinamarca y el título de ciudadano ilustre de su ciudad natal, y en su honor se bautizó el premio máximo de ilustración y literatura infantil que se otorga desde 1956, considerado como un “Pequeño Premio Nobel de Literatura”.

La infancia de Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen nació el 2 de abril de 1805 en Odense, en el Reino de Dinamarca. Fue el hijo único de un matrimonio protestante de trabajadores: el padre era zapatero y la madre lavandera, y su infancia fue muy pobre, al punto de tener en ocasiones que mendigar.

La vida de Hans Christian estuvo por completo marcada por el estigma de la pobreza, razón por la cual a menudo fantaseaba, incluso en sus edades adultas, con descubrir un día ser el hijo perdido de algún acaudalado aristócrata o burgués. Por suerte, a lo largo de su vida, contó con la ayuda y la tutoría de muchas personas que apreciaron su trabajo y le abrieron las puertas para el reconocimiento de su arte.

Sus primeros años transcurrieron en un hogar de una sola habitación, que hacía las veces también de taller de su padre. Su padre era un hombre sensible, que solía leerle las fábulas de Lafontaine, poemas de Ludwig Holberg y cuentos de Las mil y una noches. Pero fue llamado al frente cuando Dinamarca se vio involucrada en las Guerras Napoleónicas y al volver su salud estaba sumamente deteriorada. 

Cuando Hans Christian tenía siete años de edad, su padre falleció, dejando a la familia desamparada. El futuro escritor, entonces, tuvo que dejar la escuela de párvulos a la que asistía y quedarse a solas en casa, mientras su madre trabajaba, entreteniéndose con los libros de su padre. 

En su adolescencia temprana, su madre lo inscribió en una fábrica de paños, donde trabajó junto con otros niños daneses y alemanes, y descubrió que tenía una voz de soprano muy aguda. Solía cantar en la fábrica y a veces representaba escenas de Ludvig Holberg o de William Shakespeare que se sabía de memoria

Poco después, su madre contrajo matrimonio con otro zapatero, miembro de una familia de artesanos, que no se involucró demasiado en la crianza de Hans Christian. El joven entonces pudo volver a sus lecturas, a un teatro de títeres que le había fabricado su padre, y a ejercitar el canto. 

Fue su talento como cantante lo que lo hizo popular en el vecindario y despertó el interés de algunas familias poderosas de Odense, en especial del coronel Hoegh-Guldberg, quien lo refirió al príncipe Christian VII. La entrevista, sin embargo, no condujo a mucho: Hans Christian carecía del nivel educativo mínimo para ingresar al Instituto Real de la Música. De modo que acabó inscribiéndose, muy a su despecho, en una escuela popular, donde a los jóvenes de clase baja se les enseñaba religión, a leer y escribir y a sacar cuentas.

Primeros pasos en el arte

Jonas Collin fue el primer mecenas de Hans Christian Andersen.

La primera aproximación al arte de Hans Christian ocurrió a los catorce años, cuando una compañía del Teatro Real de Copenhague pasó por su ciudad y pudo, gracias a su amistad con el chico que vendía las entradas, colarse a ver todas las funciones e, inclusive, participar en una o dos como extra. También trabó amistad con los actores y supo a través de ellos del ballet y de otras formas de la cultura que se cultivaban en Copenhague. 

Decidió entonces que debía ir lo antes posible a la capital, cosa que logró viajando de polizón en el carro del correo, en septiembre de 1819. Allí conoció el teatro en donde diez años después habría de presentarse. Luego vagabundeó por la ciudad prácticamente en estado de indigencia, hasta que conoció a los músicos Christoph Weyse y Giuseppe Siborni, de la Real Academia Danesa de la Música.

Siborni se conmovió ante el desamparo de Hans Christian y su voz de soprano, y decidió patrocinar sus estudios musicales. El joven Andersen aprovechó la oportunidad de dar rienda suelta por fin a sus talentos artísticos; pero la dureza del invierno danés tuvo efecto en su salud, y su hermosa voz quedó arruinada. 

Aun así, en 1822 terminó su primera obra de teatro, una tragedia titulada Alfsol, y con ella llamó la atención de Jonas Collin, director en ese entonces del Teatro Real de Copenhague, quien además era Consejero de Estado. Collin fue su primer mecenas formal y Andersen le profesó una amistad que duró toda la vida

Su amistad con Collin fue sumamente fructífera: le permitió asistir a una escuela propiamente dicha, en las ciudades de Slagelse y luego Elsinor, donde acudió a clases entre compañeros mucho más jóvenes. Aunque vivió allí momentos de dolorosa humillación, se concentró en obtener buenas calificaciones y así, gracias a la intermediación del rey de Dinamarca y Noruega, Federico IV (1768-1839), pudo entrar a la Universidad de Copenhague en 1828. 

En 1827, además, publicó su primer poema: “El niño moribundo”, en la prestigiosa revista literaria Kjøbenhavns flyvende Post. Ese poema formó parte de su primera colección de poemas, publicada cuatro años después y llamada Fantasías y esbozos

En 1829, publicó su primer éxito literario: Un paseo desde el canal de Holmen a la punta Este de la isla de Amager en los años 1828 a 1829 (Fodrejse fra Holmens Kanal til Østpynten af Amager i aarene 1828 og 1829, en danés), un relato fantástico al estilo del escritor romántico alemán E. T. A. Hoffmann (1776-1822).

“Viajar es vivir”

Andersen fue un viajero empedernido. Retrato de Christian Albrecht Jensen en 1836.

Viajar fue una de las mayores pasiones de Hans Christian Andersen, al punto tal que se le atribuye el lema de “viajar es vivir”. Y es por eso que, tan pronto contó con financiamiento de la corona, emprendió un primer viaje hacia Berlín. Sus experiencias de viaje, además, cristalizaron en una crónica titulada Siluetas

Pronto realizó un viaje similar a Roma, en 1834, en donde obtuvo la inspiración para su primera novela, El improvisador, y para Historias de aventuras para niños, su primer intento en la literatura infantil. Ya en ese entonces había publicado su segundo poemario, Los doce meses del año y un libreto para ópera: La novia de Lammermoor.

En 1840, Andersen emprendió otro largo viaje por Europa, que incluyó Alemania, Italia, Malta, Grecia y Constantinopla, atravesando el mar Negro y el Danubio en su retorno a Copenhague. Esa experiencia también la expresó en un libro, El bazar de un poeta (1842), considerado como su mejor libro de viajes

Asimismo, en 1847 viajó por primera vez a Inglaterra, donde fue recibido por Charles Dickens (1812-1870). En 1850 conoció Suecia y también Suiza. Ya en ese entonces Andersen era un autor reconocido internacionalmente. Otro de sus viajes significativos fue a España, en 1862, y tras este publicó su relato de viaje en Un viaje por España (1863).

A lo largo de su vida, Christian Andersen viajó al extranjero en veintinueve ocasiones, visitó África y Asia menor, y vivió nueve años fuera de su país natal. Su pasión por el mundo quedó plasmada en sus numerosos libros de viaje, quizá la faceta menos conocida de su obra. 

Los cuentos infantiles de Hans Christian Andersen

En el período comprendido entre 1835 y 1845, Hans Christian Andersen publicó el grueso de sus obras y obtuvo un rápido reconocimiento internacional, a pesar de que en Dinamarca seguía siendo un autor poco conocido. 

En 1838, sin embargo, ya era un autor establecido, luego del éxito de su primer volumen de relatos infantiles, Cuentos de hadas contados para niños (Eventyr, fortalte for børn) aparecido en 1835. Tanto fue su éxito, que un segundo volumen apareció en 1837 y otro más en 1842, este último titulado Cuentos nuevos

En estos libros figuran sus más celebrados cuentos infantiles, como “La sirenita”, “Pulgarcita”, “La reina de las nieves”, “El soldadito de plomo”, “El traje nuevo del emperador” o “La princesa y el guisante”. Hubo nuevos volúmenes de cuentos en 1843, 1847 y 1852. En dicho período, además, Andersen se dedicó a las piezas teatrales: la primera con que alcanzó el éxito fue La mulata (Mulatten), presentada tanto en Copenhague como en Odense, y en donde se abordan los sufrimientos de la esclavitud. 

El éxito de estos relatos infantiles de Andersen se debía al estilo innovador con que los escribió, caracterizado por el uso del lenguaje coloquial y de sus giros, lo que rompía con la solemne tradición de la época. Además, supo combinar su poderosa imaginación con el legado folclórico del norte de Europa, para producir relatos más o menos universales, a veces esperanzadores y a veces pesimistas, en los que usaba a menudo sus propias experiencias infantiles.

Su incursión en el género literario infantil emparentó a Andersen con otros autores de la tradición de la fábula y el relato popular, como el francés Charles Perrault (1628-1703) o los célebres hermanos Grimm (s. XIX). Pero a diferencia de ellos, que compilaron o a lo sumo embellecieron los relatos populares que reunieron, Andersen creó sus propios textos.

Una vida dedicada a perseguir el amor

La sirenita (1837) es el relato más famoso de Andersen. Existe en Copenhague una estatua que la rememora.

El éxito de su obra literaria no le trajo a Andersen la felicidad que se supondría. En parte porque jamás se sintió del todo aceptado en su Dinamarca natal, a punto tal de que su éxito fue siempre mayor en otros países y en otros idiomas, y además porque el amor le fue esquivo durante la mayor parte de su vida.

Andersen tuvo una marcada tendencia a enamorarse de mujeres inalcanzables, con las que pudo tener, en el mejor de los casos, relaciones fraternas. La más célebre de ellas fue la soprano Jenny Lind (1820-1887), conocida como el “ruiseñor de Suecia”, luego de que Andersen le dedicara su cuento “El ruiseñor”. Algo similar ocurrió con Sophie Ørsted, hija del físico Hans Christian Ørsted, y con Louise Collin, hija menor de su amigo Jonas Collin. 

Esto hizo sufrir inmensamente a Andersen, en cuyos diarios puede leerse cómo pedía a Dios una compañera. Su carácter sumamente tímido, casi temeroso de las mujeres, se lo hacía sin embargo muy cuesta arriba. En el momento de su muerte, sin embargo, fue encontrada junto al pecho de Andersen una larga carta de Riborg Voigt, otro de sus amores frustrados.

Similarmente, Andersen tuvo varios amores homosexuales no correspondidos. Entre ellos figuran el aristócrata Carlos Alejandro de Sajonia-Weimar-Eisenach y el bailarín danés Harald Scharff, a quien conoció en 1857 en París y con quien tuvo lo que Andersen denominó como un “período erótico”. 

El despecho que el fin de esta última relación le produjo puede constatarse en los numerosos diarios y autobiografías del autor, y posiblemente le brindó la inspiración para sus obras teatrales de 1864, en las que exploró el amor entre los hombres. 

La muerte de Hans Christian Andersen

Andersen falleció el 4 de agosto de 1875 en Copenhague. Este dibujo fue uno de sus últimos autorretratos.

Durante toda su vida, Andersen fue un hombre frágil y enfermizo. Sus últimos cuentos infantiles aparecieron en la navidad de 1872, y lo encontraron en condiciones delicadas de salud. Tres años después falleció, a los 70 años de edad, víctima de afecciones del hígado, el 4 de agosto de 1875. 

Su funeral, celebrado el 11 de agosto, recibió honores y contó con la presencia del Rey de Dinamarca. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de la capital danesa, y desde entonces diferentes estatuas se han erigido en su honor, tanto en Copenhague como en su Odense natal, y en otras ciudades como Nueva York, donde se lo representa en compañía de su patito feo, personaje en el cual siempre se vio reflejado

En la actualidad, los cuentos infantiles de Andersen figuran entre los más populares del mundo, al punto incluso de opacar el resto de su obra, razón por la cual su nombre encabeza el máximo premio a la narración e ilustración dedicada al público infantil, otorgado desde 1956 y considerado como el “Pequeño Premio Nobel de Literatura”. 

Entre las obras más destacadas de Hans Christian Andersen figuran:

Cuentos infantiles:

  • “Pulgarcita” (1835)
  • “La sirenita” (1837)
  • “El traje nuevo del emperador” (1837)
  • “El soldadito de plomo” (1838)
  • “El patito feo” (1843)
  • “El ruiseñor” (1843)

Relatos de viaje:

  • El bazar de un poeta (1848)
  • Un viaje por España (1862)

Autobiografías:

  • El cuento de mi vida (1847)
  • La aventura de mi vida (1855)

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Referencias

  • Christian Andersen, H. (2021). El cuento de mi vida. Greenbook editores.
  • Rodríguez Almodóvar, A. (s. f.). “La verdad de Hans Christian Andersen”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/ 
  • The Encyclopaedia Britannica. (2023). Hans Christian Andersen (Danish author). https://www.britannica.com/ 
  • Wullschlager, J. (2002). Hans Christian Andersen: The life of a storyteller. University of Chicago Press.

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"Hans Christian Andersen". Autor: Gilberto Farías. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/hans-christian-andersen/. Última edición: 23 noviembre, 2023. Consultado: 18 julio, 2024.

Sobre el autor

Autor: Gilberto Farías

Licenciado en Letras (Universidad Central de Venezuela)

Fecha de actualización: 23 noviembre, 2023
Fecha de publicación: 22 noviembre, 2023

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