Jesús de Nazaret

Te explicamos quién fue Jesús de Nazaret, también llamado Jesucristo, y cómo llegó a convertirse en el fundador de la religión cristiana.

Jesús de Nazaret fue un líder religioso judío y es una de las figuras más importantes de la historia.

¿Quién fue Jesús de Nazaret?

Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús de Galilea, o por sus nombres religiosos: Jesucristo o simplemente Cristo, fue un líder religioso judío de la antigüedad, a quien se atribuye la realización de milagros y la prédica de una nueva interpretación de la tradición religiosa hebrea en las provincias de Galilea y Judea del antiguo Imperio romano. 

Se trata de la figura central de la religión cristiana, en cuya doctrina se considera como el mesías y el hijo de Dios, aunque también tenga una presencia importante en los textos de otras religiones. Por ello Jesús de Nazaret es una de las figuras más importantes de la historia, al punto tal que su nacimiento se considera un punto divisorio en la historia (antes de Cristo o a. C. / después de Cristo o d. C.).

La religión cristiana se ha encargado de preservar el relato de vida de Jesús, sus enseñanzas y los milagros que se le atribuyen en el Nuevo Testamento bíblico. En este texto, cuatro de los doce discípulos de Jesús sirven de testigos del destino del mesías, por lo que constituye una fuente de información no solo religiosa, sino también histórica de suma importancia.

Aunque existe cierto margen de debate respecto a la existencia real de Jesús de Nazaret, existen fuentes no cristianas que dan información al respecto, como distintos escritos de los historiadores antiguos Flavio Josefo (c. 37-c. 100) o Cornelio Tácito (c. 55-c. 120). Por su parte, la doctrina religiosa cristiana no solo afirma su nacimiento, sino también su naturaleza divina: sus milagros, su muerte y posterior resurrección. La segunda venida de Cristo, de acuerdo a esta mirada, traería consigo el juicio final de la humanidad.    

Jesús de Nazaret fue ejecutado por las autoridades romanas a través de la crucifixión en el monte Gólgota (también llamado del Calvario) en Jerusalén. Es por ello que la religión cristiana emplea la cruz como su símbolo religioso fundamental.

El nacimiento de Jesús de Nazaret

Jesús nació en Belén, reino de Judea, pero creció en Nazaret, reino de Galilea. 

De acuerdo a los evangelios de San Mateo y San Lucas, los únicos en los que se aborda el nacimiento y la infancia del profeta, Jesús nació en la población de Belén, al sur de Jerusalén, en la provincia romana de Judea (actual Cisjordania). 

Su fecha exacta de nacimiento es difícil de determinar, pero se estima alrededor del 6 a. C., poco antes de la muerte de Herodes el Grande (c. 74 a. C.-c. 4 a. C.), rey vasallo del Imperio romano. Su nombre hebreo era Yēšūa ben Yoséf, o sea, Jesús o Josué (hijo) de José.

Los padres de Jesús eran José, un carpintero judío, y su esposa María, ambos considerados santos por la Iglesia católica. Según cuentan los evangelios, al momento del embarazo de María, ella y José estaban comprometidos, pero aún no convivían. José, entonces, sospechó de la fidelidad de María, quien además era virgen en ese momento, hasta que recibió en sueños la visita del arcángel Gabriel, quien le explicó que el niño había sido concebido por el espíritu santo y que se trataba del rey de los judíos y el mesías profetizado en las antiguas escrituras. A esta revelación divina se refiere la doctrina cristiana como a la anunciación

Los evangelios difieren respecto al motivo por el cual María y José se hallaban en Belén el día del nacimiento del niño Jesús. Según Mateo, la pareja simplemente residía allí, mientras que Lucas afirma que se hallaban en Belén para responder al censo ordenado por las autoridades romanas. 

Cuando María estaba por dar a luz, la pareja se hallaba en condiciones de pobreza y buscaba un lugar adecuado para reposar. Tuvieron, entonces, que refugiarse en una cueva en las afueras de Belén, donde Jesús vino al mundo y fue depositado por su madre en un pesebre lleno de paja. A este lugar se le conoce como el Portal de Belén.

De acuerdo al relato tradicional, en esa misma época llegaron a Judea tres “reyes magos” de Oriente, es decir, tres sacerdotes persas: Melchor, Gaspar y Baltazar, quienes iban cargados de obsequios para agasajar al rey de los judíos, que acababa de nacer. 

Guiados por la estrella de Belén, estos sabios zoroastristas llegaron al portal de Belén y descubrieron al niño Jesús. Tras reconocerlo en el acto como el rey venidero, los sabios de Oriente adoraron al recién nacido, obsequiándole oro, mirra e incienso.

Según Mateo, sin embargo, los tres magos de Oriente llegaron primero a Jerusalén buscando al “rey de los judíos” y, sin proponérselo, alertaron al rey Herodes de que un posible rey había nacido en su territorio. Obsesionado con encontrarlo, el monarca ordenó la ejecución de todos los niños varones que hubieran nacido en Belén durante los últimos dos años. A este episodio se le conoce en la tradición bíblica como la matanza de los inocentes.

El arcángel Gabriel acudió nuevamente a José en sueños y lo puso al corriente de las sanguinarias intenciones del rey Herodes. El carpintero decidió entonces huir a Egipto con su familia y así escapó Jesús a la persecución en su más tierna infancia. Un par de años después, tras la muerte del monarca, José recibió por tercera vez al arcángel en sus sueños, y supo que ya podía volver a su tierra natal de Nazaret, en Galilea. De allí que a Jesús se le conozca como Jesús de Nazaret o, también, como el “nazareno”.

La vida oculta de Jesús 

El niño Jesús fue circuncidado a los ocho días de nacer y a los cuarenta días de vida fue presentado ante el templo de Jerusalén, donde se hizo un sacrificio animal en su honor. Posteriormente se estableció con su familia en Nazaret. 

Se sabe poco de la infancia y juventud de Jesús, excepto que se trató de un niño despierto e inteligente, incluso adelantado a su edad, y que aprendió de su padre el oficio de carpintero. Poco más se cuenta al respecto en los Evangelios, por eso se conoce a este período de su vida como la “vida oculta” de Jesús. Existe, sin embargo, un recuento apócrifo de sus años de preadolescencia, desde los cinco hasta los doce años más o menos, que forma parte de los evangelios “no oficiales” rechazados por la Iglesia y por los eruditos cristianos. 

La revelación divina de Jesús

Para hablar de la adultez de Jesús de Nazaret, es indispensable primero hablar de Juan el Bautista (hoy conocido como san Juan Bautista), una figura central en la tradición judía y cristiana. Hijo de Zacarías y su esposa Isabel, Juan fue concebido por intervención divina, pues sus padres ya no estaban en edad de tener descendencia. El embarazo fue anunciado por el arcángel Gabriel, quien además le reveló a su padre que el niño sería querido por Dios y que traería a muchos judíos de vuelta a la fe verdadera. 

En efecto, al crecer Juan se convirtió en un predicador ambulante, creador de un culto mesiánico y escatológico de importancia en la historia de la religión cristiana y musulmana. Se trataba de un culto que creía en la llegada inminente de un mesías, según lo anunciaban las antiguas escrituras hebreas, cuya venida traería consigo el juicio final y la restauración del orden divino

El rasgo distintivo de este culto lo constituía el bautismo, sacramento que no formaba parte de la fe judía tradicional, y que Juan llevaba a cabo en las aguas del río Jordán. Aunque, según el Evangelio de Marcos, Juan profetizaba la venida de un profeta que no bautizaría con agua, sino con el espíritu santo. 

Y así, un día, llegó al culto de Juan un joven de Galilea, llamado Jesús, cuya edad se aproximaba ya a los treinta años. Según el Evangelio de Lucas, los dos profetas eran primos, pero esta idea se considera poco probable históricamente. Juan recibió al recién llegado en su culto y, en cuanto procedió a bautizarlo, el espíritu santo se manifestó en forma de una paloma que revoloteó sobre ellos y el cielo se abrió para que escucharan la voz del creador, anunciando a Jesús como su hijo. 

Inmediatamente, el espíritu santo llamó a Jesús a separarse del resto e internarse en los desiertos del lado occidental del mar Muerto. Allí debía emprender un retiro en comunión con su padre celestial durante cuarenta días, sin alimentos ni bebidas. Durante este lapso, Jesús fue abordado por Satanás. Pero Jesús, según los evangelios, respondió a cada provocación con una cita de las sagradas escrituras. 

Así, Jesús no solo superó la prueba impuesta a su espíritu por el desierto, sino que volvió al culto de Juan el Bautista para ser proclamado como el mesías, el cordero de Dios, el enviado que tanto había vaticinado. Posteriormente emprendió el camino a Galilea, para predicar la palabra divina, llevándose algunos discípulos de Juan. En el camino se les fueron sumando otros discípulos, hasta completar los doce apóstoles de Jesús.

Los días de Juan Bautista, de acuerdo a la tradición, acabaron mucho antes que los de Jesús de Nazaret. Se dice que fue detenido por el rey Herodes Antipas, a quien condenaba públicamente por haberse desposado con Herodías, la mujer de su hermano Felipe. 
Estando en presencia del monarca, sin embargo, los relatos y la sabiduría de Juan le ganaron el perdón, hasta que Salomé, la sobrina de Herodes, realizó un baile tan hermoso que su tío prometió darle en premio cualquier cosa que pidiera. Siguiendo las instrucciones de su madre, Salomé pidió entonces la cabeza de Juan el Bautista, y esta le fue servida en una bandeja de plata.

Los doce apóstoles 

Jesús tuvo doce apóstoles, es decir, doce seguidores principales, entre quienes impartió sus enseñanzas y quienes después de su muerte hicieron de testigos de sus hazañas y propagaron su mensaje. El número de apóstoles coincidía con las antiguas tribus de Israel, lo cual les confiere un sentido muy particular de cara a la historia judía: su unión en torno a Jesús representaba la reunificación del pueblo judío en torno a la fe verdadera. 

Los apóstoles de Jesús fueron: Pedro, Santiago “el mayor”, Andrés, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago “el menor”, Simón el cananeo, Judas Tadeo y Judas Iscariote. Se unieron a la causa de Jesús en distintos momentos de su ministerio, o sea, de su labor de predicador itinerante, y constituyen hoy en día los primeros santos del cristianismo. 

A estos doce elegidos, sin embargo, se les sumaron luego dos más: Matías y Pablo de Tarso. Tras la muerte y resurrección de Jesús, y en épocas posteriores llegaron a ser 60 e incluso alrededor de 500 los llamados “apóstoles” (del griego “enviados”) que evangelizaban en nombre de Jesucristo.

Los milagros de Jesús 

Durante sus años de ministerio, en los que predicó la palabra divina, Jesús recorrió Judea y Galilea sanando enfermedades, resolviendo disputas y llevando a cabo exorcismos, mientras enseñaba a sus discípulos el camino hacia la salvación divina. Por este motivo, sus discípulos se dirigían a él como rabí, que en lengua hebrea quiere decir “maestro”, un título equivalente al actual rabino. Durante ese tiempo convirtió a muchas personas a su doctrina y devolvió a la fe judía la solemnidad de la que carecía.

A Jesús, además, se le atribuyen numerosos milagros, de los que fueron testigos sus apóstoles. Algunos de los más célebres son:

  • En las bodas de Caná, a las que Jesús asistió con sus primeros discípulos, convirtió el agua en vino para que las celebraciones pudieran llevarse a cabo y para demostrar la naturaleza de su don divino a sus apóstoles recién reclutados.
  • En el camino hacia la ciudad de Betsaida, Jesús multiplicó los panes y los peces disponibles para alimentar a la multitud empobrecida que lo acompañaba. 
  • Revivió a un amigo de infancia, llamado Lázaro de Betania, cuando tenía cuatro días de muerto y sepultado, simplemente llamándolo desde afuera: “¡Lázaro, levántate y ven!”. 
  • Curó a una docena de mujeres aquejadas por enfermedades y malos espíritus, entre ellas la célebre María Magdalena, quien luego fue discípula suya y testigo de su resurrección.
  • En el mar de Galilea, Jesús caminó sobre las aguas para alcanzar la barca de sus discípulos y luego calmó una tempestad que los azotaba. 
  • En Jerusalén, curó a un hombre ciego y mudo a través de un exorcismo, cosa que los fariseos interpretaron como que Jesús mismo estaba en alianza con Beelzebul, señor de los demonios. 
  • En Jerusalén, Jesús maldijo una higuera que no daba frutos, por lo que al día siguiente se encontraba seca hasta la raíz. 

En aquellos tiempos, se aceptaba en el imaginario popular que algunas personas pudieran sanar a través de la palabra, pero existía siempre la duda respecto de cuál deidad garantizaba aquellos poderes sobrenaturales. Por esa razón, muchos de los rivales de Jesús lo acusaban de contar con poderes demoníacos, por lo que el profeta siempre acompañó sus acciones con enseñanzas respecto de la fe verdadera. 

De hecho, no fueron pocas las ciudades en las que Jesús fue rechazado. En Nazaret y en Jerusalén corrió a menudo el riesgo de ser apedreado, y tarde o temprano se convirtió en un estorbo para las autoridades judías y romanas. Su reputación como sanador y como el hijo de Dios, sin embargo, no hizo sino crecer con el tiempo, hasta convertirse en un culto religioso independiente de sus raíces judías

El ministerio de Jesús

No se sabe a ciencia cierta cuánto duró el ministerio de Jesús y sus discípulos a lo largo de la provincia de Judea. A grandes rasgos, el recorrido comenzó en Galilea, donde asistió a la célebre boda en la población de Cana, con sus primeros cinco discípulos y su propia madre. 

Luego Jesús partió hacia Jerusalén, con la intención de visitar el templo y celebrar la Pascua judía. Según los evangelios, visitó esta ciudad al menos tres veces a lo largo de su ministerio. Allí echó del templo a los mercaderes y convirtió a su doctrina a Nicodemo, el rey fariseo de los judíos.

Ya en ese entonces viajaba en compañía de sus doce apóstoles y de un grupo de gente que lo seguía para escuchar sus enseñanzas o recibir sus curaciones. Ante todos ellos Jesús pronunció su famoso sermón del Monte de los Olivos, en el cual expuso los fundamentos de su doctrina y compartió numerosas parábolas, relatos y enseñanzas.

Jesús abandonó Judea y se dirigió nuevamente a Galilea, pero esta vez a través de la región montañosa de Samaria, poblada mayormente por gentiles. Allí tuvo su célebre encuentro con la mujer samaritana del pozo, Fotina, quien le dio a Jesús de beber y reconoció en él su santidad, por lo que fue después a anunciar la llegada del mesías entre sus compatriotas. 

De vuelta en Galilea, Jesús se dirigió a la sinagoga de su pueblo, Nazaret, donde fue rechazado e insultado por su pueblo, por lo que decidió partir nuevamente, esta vez a la ciudad de Cafarnaúm. Para ello, debía cruzar junto a sus discípulos el mar de Galilea. Estando en la costa, Jesús realizó el milagro de los panes y los peces, y durante la navegación calmó la tormenta y caminó sobre las aguas. 

Estando en Cafarnaúm, otra multitud los esperaba, ávidos de otra comida gratuita por obra del mesías, y no porque estuvieran interesados en la iluminación. Jesús, entonces, los instó a buscar el “pan que descendió del cielo”, o sea, el sustento espiritual

La época de Pascua llegó poco después, pero Jesús se negó a asistir al templo en Jerusalén, pues estaba al tanto de que muchos querían perjudicarlo. En cambio, emprendió con sus discípulos un viaje a las poblaciones de Tiro y Sidón. Allí fueron abordados por una madre acongojada, cuya hija estaba aquejada por un demonio, y aunque Jesús se rehusó inicialmente a ayudarla, alegando que estaba allí solo para “las ovejas perdidas de la casa de Israel”, finalmente la humildad del pedido de la mujer pudo más y el mesías procedió al exorcismo.

En el trayecto de vuelta, Jesús y sus discípulos llegaron a la ciudad de Cesarea de Filipo, ubicada en la base del monte Hermón. En lo alto de la montaña, Jesús se dirigió a sus apóstoles para encomendarles la creación de su iglesia, particularmente a Pedro (Simón) y para anunciar su muerte venidera. Los profetas Elías y Moisés se manifestaron durante el sermón y Jesús apareció ante sus apóstoles “transfigurado”, es decir, convertido definitivamente en el Cristo, o sea, el mesías.

El último año del ministerio de Jesucristo comenzó con su regreso a Galilea y su viaje en secreto a Jerusalén, donde buscaba asistir a la fiesta de los tabernáculos. Sin embargo, en Samaria no era bienvenido, por lo que tomó un desvío por Perea, al este del río Jordán. A lo largo de este camino, predijo nuevamente la Pasión, impartió nuevas enseñanzas sobre la composición de su iglesia y les asignó a sus apóstoles la misión de predicar la palabra tras su muerte. Asimismo, envió a 72 de sus discípulos a esparcir la palabra a lo largo de distintos territorios.

Jesucristo llegó a Jerusalén y participó en la fiesta de los tabernáculos, en la cual discutió a menudo con los fariseos, pues se opuso a la manera tradicional de hacer las cosas. Para escapar de las tensiones, el profeta partió a Perea y, tras unas semanas, regresó nuevamente a Judea. 

Se detuvo en Betania, un pueblo en las afueras de Jerusalén, donde fue recibido por María y Marta, y supo que su amigo Lázaro había muerto. Entonces ocurrió el milagro de la resurrección de Lázaro, el cual tuvo un efecto a la vez positivo y negativo para la causa de Jesús: por un lado, los judíos que observaron el milagro se convirtieron en sus seguidores. Pero a la vez, la noticia alcanzó los oídos de los fariseos y sacerdotes de Jerusalén, quienes decidieron planificar la muerte del mesías y así impedir que su culto siga creciendo.

La entrada triunfal y la última cena

La última noche de Jesús con sus discípulos se conoce como “la última cena”.

Jesucristo decidió esperar la llegada de la Pascua judía en las afueras de Jerusalén, seis días antes de las festividades. Allí fueron recibidos, nuevamente, por sus amigos María, Marta y Lázaro, quienes ofrecieron una cena en honor al mesías. 

Al día siguiente, Jesucristo hizo su entrada triunfal en Jerusalén. Sobre los lomos de un burro, se anunció en la ciudad como el verdadero rey de los judíos. Allí fue recibido con cantos de Hosanna y gran expectación por parte de los fieles.

Jesús acudió al templo y predicó a la congregación, anunciando la destrucción futura del templo mismo y lamentándose por el destino de Jerusalén. Habló abiertamente en contra de los fariseos y, a la noche, se retiró junto con sus discípulos para tener la cena del Pésaj, un episodio conocido en la tradición cristiana como “la última cena”.

Con sus doce apóstoles sentados a la mesa, Jesús realizó el rito que aún la comunión cristiana replica: tomó una hogaza de pan, la bendijo y la entregó a sus discípulos, diciéndoles al mismo tiempo “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (JBS 1 Corintios 11:23-25). Luego tomó una copa de vino, la bendijo y la entregó a sus discípulos, diciendo: “Esta copa es el Nuevo Testamento en mi sangre; haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí” (JBS 1 Corintios 11:25-27). Estas acciones constituyen hoy en día la eucaristía o santo sacrificio de la liturgia cristiana.

Después de la cena, el mesías lavó los pies de sus doce apóstoles, y luego los reunió para darles un último discurso. Las palabras exactas de Jesucristo y las profecías que compartió con sus apóstoles varían ligeramente de un evangelio a otro, pero tradicionalmente se cuenta que predijo la traición de uno de sus seguidores y que su leal Pedro lo negaría tres veces antes de que el gallo anunciase el nuevo día. Por último, les dio un nuevo mandamiento: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado".

Una vez culminada la velada, los apóstoles se quedaron dormidos, y a Jesucristo lo embargó una fuerte angustia por lo que estaba a punto de ocurrir. Entonces se retiró a orar en el huerto de Getsemaní, un olivar que se encontraba a los pies del Monte de los Olivos, y allí lo encontró, a solas, Judas Iscariote, quien lo traicionaría. 

El apóstol traidor se aproximó a Jesús y le dio un beso en la mejilla, señal que había pautado con las autoridades para identificar al profeta y que pudiera ser arrestado. De inmediato los soldados se abalanzaron sobre Jesús y lo aprehendieron. Judas, a cambio, recibió un pago de treinta monedas de plata.

Así comenzó el calvario de Jesucristo, mejor conocido como su pasión (del latín passionis, “padecimiento”)

La Pasión de Cristo

Pilato presentó a Jesús con la frase Ecce homo (“He aquí al hombre”), título de esta pintura de Antonio Ciseri.

Jesucristo fue detenido por el ejército del Sanedrín (del griego synedrion, “sentarse juntos”), que es como se llamaba al concilio de sabios y rabinos israelitas, al mando del sumo sacerdote judío, José Caifás. Fue conducido al templo de Jerusalén, donde Caifás y otros miembros del concilio procedieron a insultarlo e interrogarlo. Se dio comienzo a un juicio muy poco objetivo, en el que se presentaron falsos testigos para incriminar a Jesús en distintos delitos. Jesús permaneció siempre en silencio.

Entonces, Caifás enfrentó al mesías y le preguntó si era él realmente el hijo de Dios, a lo que Cristo respondió: “Tú lo has dicho. Y además os digo que desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo” (RVR 1995, Mateo 26:64). Esto le bastó a Caifás y al Consejo para declarar a Jesús como blasfemo y sentenciarlo a muerte.

Mientras esto ocurría, el apóstol Pedro se había infiltrado en el templo, preocupado por el destino de su maestro. Al hacerlo, fue reconocido por tres personas distintas, que recordaban haberlo visto al lado de Jesús, y a todos Pedro respondió de la misma manera, diciendo que jamás en su vida había visto al profeta. Así, se cumplió la profecía de Jesús en la última cena.

De acuerdo a las leyes, los casos de pena capital debían elevarse a la autoridad romana, que en este caso se trató del procurador o gobernador de la provincia, Poncio Pilato, quien inicialmente no quiso involucrarse en el asunto, pero al final procedió nuevamente a cuestionar a Jesús:

—¿Eres tú el Rey de los judíos?

34 Jesús le respondió:

—¿Dices tú esto por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?

35 Pilato le respondió:

—¿Soy yo acaso judío? Tu nación y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

36 Respondió Jesús:

—Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí.

37 Le dijo entonces Pilato:

—Luego, ¿eres tú rey?

Respondió Jesús:

—Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

38 Le dijo Pilato:

—¿Qué es la verdad?

Tomado de Juan 18:33, Biblia Reina Valera (1995)

Esto ocurrió en el lugar donde el gobernador solía recibir al pueblo en ocasión de la Pascua judía, época en que solía otorgar el perdón a algún preso local. Después de interrogar a Jesucristo, Pilato anunció a la muchedumbre que a su modo de ver, el profeta no había cometido delito alguno, así que estaba dispuesto a dejarlo en libertad, si así lo pedían. 

La gente, sin embargo, prefirió que la liberación fuera otorgada a otro de los condenados, un ladrón de nombre Barrabás. Pilato, entonces, ordenó que Jesús fuera azotado como castigo. Los soldados, para burlarse del supuesto “rey de los judíos”, le fabricaron una corona de espinas para enterrársela en la cabeza y cubrieron su cuerpo magullado con un manto púrpura. 

En estas condiciones fue presentado Jesús a la multitud. Ecce homo! (“¡He aquí al hombre!”) lo anunció Pilato y la multitud clamó por su crucifixión. El romano accedió a la petición popular, quedándose al margen en el asunto, y los guardias forzaron a Cristo a cargar su propia cruz desde la ciudad hasta el lugar donde sería crucificado, en el monte Gólgota

La crucifixión era un método de ejecución muy común en la Antigua Roma y en otras culturas de la época, que consistía en clavar al sentenciado a una enorme cruz de madera mediante clavos en las manos y los pies, levantar la cruz y dejar a la persona morir de asfixia y agotamiento.

El viacrucis

Cristo camino al calvario durante el viacrucis. Así lo pintó el artista flamenco Quentin Metsys.

Se conoce como viacrucis (del latín via crucis, “camino de la cruz”) al trayecto que Jesús emprendió hasta el lugar de su crucifixión, cargando una gigantesca cruz de madera. En el trayecto lo acompañó una muchedumbre que lo hostigaba y se burlaba, un grupo de soldados que lo azotaban cuando disminuía el paso, y muchos de sus discípulos.

Este trayecto consta, según el relato tradicional del cristianismo, de catorce “estaciones” o momentos importantes, que normalmente se representan pictóricamente en las iglesias católicas. Las estaciones del viacrucis son: 

  1. Jesús es sentenciado a morir por crucifixión.
  2. Jesús carga con la cruz de madera.
  3. Jesús cae una primera vez.
  4. Jesús se cruza en el camino con su afligida madre, María.
  5. Un hombre llamado Simón de Cirene ayuda a Cristo a llevar la cruz.
  6. Una mujer llamada Verónica le tiende a Jesús un pañuelo para secarse la sangre y el sudor. El rostro del mesías queda impreso en el paño para siempre.
  7. Jesús cae por segunda vez.
  8. Jesús voltea hacia las mujeres que se compadecen de él y las consuela.
  9. Jesús cae por tercera y última vez.
  10. Jesús es despojado de sus vestiduras.
  11. Jesús es clavado a la cruz.
  12. Jesús muere en la cruz.
  13. Jesús es retirado de la cruz y entregado a su madre.
  14. Jesús es sepultado.

De esta manera fue ejecutado Jesucristo, junto con otros dos sentenciados a morir que crucificaron a sus costados. Se dice que cuando tenían sed los soldados les daban vinagre de beber y que en la cruz de Jesús los romanos colgaron un letrero que rezaba en arameo, griego y latín “Este es Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos” (abreviado por la tradición en la inscripción latina INRI: Iesus Nazarenus Rex Iudæorum).

La tradición le atribuye a Jesús siete últimos pronunciamientos, dichos mientras se hallaba en la cruz. Una de sus frases más célebres es: “Perdónalos, Señor, pues no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), en referencia a todos los que lo hostigaban y torturaban.

Después de unas horas de sufrimiento, Cristo falleció en la cruz. Tenía 33 años. Se dice que, entonces, un soldado romano llamado Longinus le enterró una lanza en el pecho, para asegurarse de que estuviera muerto y no sufriera más, después de lo cual pronunció: “Este en verdad era el hijo de Dios”. 

El cuerpo de Cristo fue bajado de la cruz y envuelto en una sábana y perfumado con mirra, antes de depositarlo en una cueva que haría de sepulcro, cuya entrada cubría con una gran roca

La resurrección y ascensión de Jesucristo

Jesús fue crucificado en el monte Gólgota de Jerusalén. Así lo pintó el español Pere Espalargues.

El domingo, tres días después de la crucifixión y fallecimiento de Jesucristo, los guardias que Pilato dispuso frente a su sepulcro notaron que algo extraño ocurría en el interior de la tumba. Un temblor sacudió la tierra y deslizó la piedra que bloqueaba la entrada, conforme dos ángeles bajaron del cielo para anunciar la resurrección del hijo de Dios.

Al comienzo del día, María, la madre de Jesús, acudió junto con otras mujeres al lugar donde yacía su hijo, y descubrió que no estaba la piedra de la entrada. Adentro, los dos ángeles se manifestaron y les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” (Lucas 24:5-7). 

Entonces, las mujeres salieron a contar la noticia a los once apóstoles, quienes dudaron de su palabra. Tan solo Pedro corrió hasta el sepulcro para observar con sus propios ojos la tumba vacía.

Respecto a los eventos posteriores, los evangelios ofrecen relatos distintos de cómo se presentó Jesucristo ante sus apóstoles en Jerusalén. Según el evangelio de Mateo, el mesías se presentó a los once, que lo miraban espantados, y les dejó que lo tocaran para convencerse de que no era un espíritu. Luego les pidió de comer, por lo que le dieron pescado asado y miel, y consumió los alimentos delante de ellos.  

Entonces, les anunció que verían pronto su poder desde los cielos y, tras llevárselos de vuelta a Betania, los bendijo y les anunció su futura venida (la parusía cristiana), el día del juicio final. Entonces se alejó de ellos y fue elevado hacia el cielo, donde según el credo cristiano gobierna junto a Dios.

Las enseñanzas de Jesús de Nazaret

La literatura cristiana se dedicó casi exclusivamente a leer e interpretar el legado del mesías. Por eso han existido diferentes aproximaciones al mensaje de Cristo, algunas de las cuales fueron incluso declaradas “heréticas” y perseguidas por la Iglesia. 

Además, ha habido numerosas traducciones del Nuevo Testamento a lo largo de los siglos, por lo que resulta difícil dar con el sentido original de lo dicho por Cristo, quien no dejó nada escrito por su propia mano. Únicamente se cuenta con los testimonios de terceros

Jesús creía en la idea del reino divino venidero, creencia que compartía con el culto escatológico de Juan el Bautista. Pero no está del todo claro si Jesucristo creía ser el mesías o si se consideraba a sí mismo un profeta más que anunciaba su llegada. Cristo no prestaba atención a los títulos, ni exigía obediencia a su persona, sino únicamente el retorno a la fe verdadera y el amor por el prójimo. Elogiaba la mansedumbre, la compasión, el amor incluso por los enemigos y la lealtad absoluta para con Dios. 

En ese sentido, la idea del Dios de Jesús difiere de manera significativa del mensaje tradicional de las antiguas escrituras bíblicas. El Dios de los hebreos era una deidad tribal y severa, que exigía sacrificios sangrientos y estaba siempre lista para castigar. El Dios cristiano, en cambio, ama incluso a los pecadores y está siempre dispuesto para el perdón, pero exige a cambio sinceridad en el compromiso con lo divino. Por eso entienden las iglesias cristianas que Jesús, con su sacrificio, logró un “nuevo pacto con Dios”.

En general, las enseñanzas de Cristo se pueden resumir en la fe en Dios por sobre todas las cosas, el amor al prójimo, el desapego respecto de lo material y confianza en el reino venidero, en el cual los justos serían recompensados y los pecadores castigados por mano divina, y los muertos resucitarán en carne y hueso.

Jesús en otras religiones

El relato de María (Maryam) y su hijo Jesús (Isa) se cuenta también en el Corán.

Dado que el cristianismo es la religión fundada por los discípulos de Jesús de Nazaret, su figura ocupa el lugar central de los relatos y las representaciones de su Iglesia. Es por ello que tanto el catolicismo, el protestantismo y la ortodoxia cristiana tienen, cada una a su manera, a Cristo como ícono central de sus iglesias

Sin embargo, Jesús también juega un rol religioso importante en otras religiones. En el islam, por ejemplo, a Jesús se le conoce como Isa y se considera un profeta importante de la tradición israelí, enviado por Dios para guiar al pueblo judío. Incluso se le otorga el título de mesías, al-Masih, y se le considera musulmán, pero esto no significa que el islam acepte la naturaleza divina de Cristo: lo consideran un simple mortal que recibió la llamada divina, como los muchos otros descritos en el Antiguo Testamento

Similarmente, el bahaísmo o fe Bahai considera a Jesús de Nazaret como un profeta importante, cuyos vaticinios vino a cumplir el profeta persa Bahá'u'lláh. Según esta religión del Medio Oriente, Jesús fue una de las múltiples encarnaciones de Dios, pero no la más reciente.

En cambio, para el judaísmo Jesús no constituye un verdadero ícono religioso. Dado que la religión hebrea aún espera la llegada del mesías anunciado en el Antiguo Testamento. Considera a Jesús de Nazaret como el más influyente de los falsos profetas.  

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Referencias

  • Araujo, M. (2023). “Por qué se le dice Cristo a Jesús de Nazaret”. Infobae. https://www.infobae.com/ 
  • Arrizabalaga, M. (2014). “Testimonios no cristianos de la existencia de Jesús de Nazaret”. ABC Sociedad. https://www.abc.es/  
  • Biblia Reina Valera 1995 (RVR1995).
  • Diccionario Etimológico Castellano En Línea. (s. f.). “Etimología de Cristo”. https://etimologias.dechile.net/ 
  • Pelikan, J. J., Sanders, E. P. (2023). Jesus. The Encyclopaedia Britannica. https://www.britannica.com/ 
  • Skinner, A. (2019). "The Life of Jesus of Nazareth: An Overview". New Testament History, Culture, and Society: A Background to the Texts of the New Testament. Ed. Lincoln H. Blumell. Religious Studies Center, Brigham Young University, pp. 245-277.

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"Jesús de Nazaret". Autor: Gilberto Farías. De: Argentina. Para: Enciclopedia Humanidades. Disponible en: https://humanidades.com/jesus-de-nazaret/. Última edición: 24 octubre, 2023. Consultado: 7 junio, 2024.

Sobre el autor

Autor: Gilberto Farías

Licenciado en Letras (Universidad Central de Venezuela)

Fecha de actualización: 24 octubre, 2023
Fecha de publicación: 24 octubre, 2023

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